Un chico del norte

Jorge Jimenez -
Un chico del norte
Un chico del norte

El asturiano Juan Menéndez Granados acaba de llegar del Polo Sur donde ha demostrado que la célebre reputación de "ser del norte" bien vale para enfrentarse a uno de los grandes retos de la temporada. Más de 1.100 km en bici, en solitario y sin asistencia.

Criado en Pravia. Forjado sobre dos ruedas. Y acunado con ese espíritu combativo que destilan los tipos del norte. Juan Menéndez ha ido superando barreras desde la humildad y el esfuerzo, la última la del Polo Sur, el gran reto de su carrera deportiva, que a punto estuvo de acabar antes de empezar, pero que ha supuesto una de las actividades más extraordinarias del año, un renglón en la historia de la exploración polar y una pionera forma de ver los horizontes del continente superlativo. La Antártida estaba cargada de secretos para el asturiano, ahora quedará marcada por los recuerdos. Charlamos con Juan sobre una experiencia que sirve como definición de gesta.

Empezamos por el final…
El final fue muy complicado. Como sabéis tenía mucho empeño en llegar de manera autónoma, algo muy importante para mí, por lo que había que tomar una decisión muy comprometida respecto a la cantidad de comida que cargar. Tenía planificados cuarenta días de expedición, más dos cenas y dos desayunos de reserva. Creo que con buen criterio… pero las condiciones me hicieron ir reservando más de lo que pensaba. Llegué bastante justo, pasando los últimos cuatro días casi sin comida, solo con unos frutos secos y bebiendo algo de chocolate con aceite. A tres días del final, cuando tu rendimiento baja –por la naturaleza de la expedición–, empecé a encontrarme muy débil y me asusté bastante. Fueron momentos difíciles. Tampoco podía forzar, al contrario, a pesar de estar muy cerca debía andarme con mucho ojo, reducir los esfuerzos. También recuerdo un frío atroz, con temperaturas de treinta grados bajo cero, pero con mucho viento.

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¿Y cómo recuerdas la llegada?
Muy emocionante. Piensas en todos esos momentos en los que casi no podías más pero seguías tirando hacia delante. Tirando mucho de corazón. Hay que reconocer que el Polo Sur en sí mismo no es el sitio más bonito de la Antártida, con la gran base americana de carácter científico, las huellas de los bulldozers… pero fue realmente excitante.

Siempre el corazón…
Nuestro límite está más allá de lo que pensamos. A veces cuesta explicar de dónde sacamos las fuerzas… la cabeza y el corazón hicieron más que las piernas, sobre todo en los peores momentos.

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Escogiste un concepto de expedición muy ligero.
Salí con 80-85 kilos, muy poco peso para una travesía sin apoyo externo. Normalmente se llevan hasta 20 kilos más. Si hubiera ido con depósitos hubiese sido mucho más fácil. Hay días muy complicados con ventisca, temperaturas muy bajas, y debes seguir haciendo actividad diez u once horas, momentos comprometidos por el riesgo de congelaciones, peleándote con la media de kilómetros que haces al día… Además ha sido una muy mala temporada para ir en bicicleta.

Las desventajas de ir sin depósitos están bastante claras, pero la única ventaja es ética…
Un simil aproximado: es como subir un ochomil en estilo alpino puro. En exploración, en aventura, importa el qué hagas pero también el cómo lo hagas. A este punto siempre le he prestado mucha atención, tratando de utilizar el estilo más puro posible. Era un sueño llegar sin ayuda al Polo Sur. Sin duda, la mayor ventaja es ética.

¿Has sentido la presión de tener a Daniel Burton detrás, con el mismo objetivo?
Empecé a pensar en la “carrera” cuando me quedaban cerca de 200 km del Polo. La expedición estaba muy avanzada, en ese punto Daniel se encontraba a unos 20 km de distancia, y empecé a pensar que sería importante llegar primero, sobre todo a nivel mediático. Pero en cualquier caso siempre he querido respetar mis principios, mi estilo y hacer las cosas como debo sin dejarme atrapar por influencias externas. Daniel iba con depósitos, recibió ayuda en las reparaciones, comida… No teníamos la misma idea de expedición y yo estaba muy orgulloso de hacerlo a mi manera como para preocuparme por otros detalles.

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¿Si tuvieses que volver, cambiarías algo?
Es momento de hacer autocrítica, pero la verdad es que creo que he alcanzado un alto grado de profesionalidad. Para llegar al Polo Sur de esta forma debía enfrentarme a muchas incertidumbres, a muchas preguntas por responder. Siempre se puede mejorar, pero del sistema y la logística cambiaría pocas cosas. Tal vez llevaría un poco más de comida, y si la cosa fuese bien ¡me la comería! Trataría de ir con más medios, eso sí. A parte de todo lo que ha costado sacar adelante el proyecto, he tenido que ir con mucho material prestado. En algún momento me veía calentando agua en una cazuela prestada, sentado en un saco prestado sobre ¡una maldita esterilla prestada! Pero estoy muy contento, mi destino era no estar en la Antártida. A una semana de irme fallaban muchas cosas, estaba muy complicado irme. La vida me puso entre la espada y la pared. Quizá ese fue uno de mis grandes apoyos. Pensar que había cambiado un poco mi destino. En varias ocasiones lloré de emoción, cada célula de mi cuerpo quería estar en ese lugar, nunca sentí la monotonía. La Antártida es sin duda uno de los sitios más hermosos de la Tierra.

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El Polo Sur ha supuesto un salto cualitativo, ¿también para tu futuro?
A nivel deportivo sin duda, ha sido un poco mi Everest. Se puede decir que ha sido una actividad bastante pionera, teniendo que innovar, inventar, investigar… La nieve y la bicicleta todavía no son buenos amigos. En exploración polar el término “eficiencia” cobra una importancia vital. A nivel mediático ha tenido muchísima difusión y espero que eso sirva de cara a próximas expediciones. Me preguntan por el próximo reto: ahora mismo pagar el crédito que he pedido para irme a la Antártida. Pero habrá más, mucho más… hay que tirar de creatividad.

¿Has hablado mucho contigo mismo?
Sí que hay veces que hablas solo, hay momentos de euforia, de tristeza, pero siempre he mantenido el control y la calma. También es cierto que llevo mucho tiempo haciendo expediciones en solitario y es un gran entrenamiento psicológico. Es una experiencia muy intensa. Y hacerlo solo es más difícil, tanto por el apoyo como por las tareas. Y sobre todo tienes mucho tiempo para ti mismo. Debes estar extremadamente concentrado, no cometer un error (algo muy sencillo cuando estás cansado), yendo con lo justo, en un ambiente en el que el material y uno mismo es muy frágil.

Agotamiento, frío, hambre, soledad… ¿Felicidad?
Sin duda, sí. He estado muy feliz, haciendo lo que quería. Ha habido momentos de frustración, de miedo, pero siempre alto de moral, con un grandísimo sabor de boca. Y ahora, por supuesto, estoy satisfecho, orgulloso de hacerlo como quería. ¡Muy feliz!

 

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