Carlos Soria, el alpinista infinito

Redacción Oxígeno -
Carlos Soria, el alpinista infinito
Carlos Soria, el alpinista infinito

1939. Termina la Guerra Civil española, y se inicia la II Guerra Mundial, se estrena “La Diligencia de John Ford” y “Lo que el viento se llevó”,  Steinbeck publica “Las uvas de la ira”, muere Sigmund Freud, y nace, el 5 de febrero, Carlos Soria Fontán. Así se desvela la edad de nuestro protagonista, edad que su aspecto y sobre todo, su actitud, se encargan de difuminar y detener en un tiempo indeterminado, en el que siempre se es joven, como si la edad no hubiera pasado por encima de su espíritu infantil: curioso e incansable, y sus ganas de seguir escalando montañas, su campo de juegos favorito… aunque esto del alpinismo Carlos precisamente no se lo tome como un juego.

Su afición por la montaña empezó de chaval, salidas y más salidas a la cercana sierra de Guadarrama, en autobús o tren, con su amigo Riaño, y después, el paso a los Pirineos y el gran salto a los Alpes, al Caúcaso (1968), al Mc Kinley (formó parte de la primera expedición española en 1971) y en el 73 el Himalaya, con el primer intento a un ochomil de una expedición española al Manaslu … Y a partir de ahí se ha pasado más de media vida ascendiendo montañas-, y no pequeñas, no… sino las cumbres más altas de la tierra.

Las montañas son su pasión, y a ellas se enfrenta con las mismas ganas que cuando empezó. Carlos ha hecho historia en el alpinismo nacional y mundial, pero ha pasado la mayor parte de estos años casi de puntillas, sin alardes, sin grandes exhibiciones, trabajando como una hormiguita, ascendiendo a cumbres por el placer de escalarlas, haciendo lo que le gusta, sin afán de coleccionista de récords, aunque los ha conseguido finalmente sin alevosía ni premeditación: ser el primer alpinista en hacer cumbre en el Dome Khang (7.260 m) , el único en el mundo que ha escalado nueve montañas de más de 8.000 metros después de cumplir los 60 años, el de más edad en coronar el K2 (8.611 m), el Broad Peak (8.047 m), el Makalu (8.463 m), el Manaslu (8.163 m) y el Lhotse (8.516 m) –una pincelada de su extenso curriculum deportivo- y aspira a otro más: convertirse en el alpinista de mayor edad en pisar los 14 ochomiles.

¿Es difícil tomar la decisión de no subir a la cumbre después del esfuerzo, el tiempo de preparación y lo que cuesta preparar una expedición como las tuyas?
No, si no se puede hacer cumbre, pues te vuelves a casa tan tranquilo, porque vamos, lo de morirse es una cosa jodida -debe de ser, vamos, yo no me he muerto nunca… (comenta entre risas).

Muchos alpinistas dicen que prefieren morir en la montaña…
Yo prefiero morir en la montaña que en un hospital, pero lo que no quiero es morir, quiero morir lo más tarde posible, y si tengo que elegir entre un hospital y la montaña, prefiero la montaña, claro; pero eso de ir a morir porque sí… Es un riesgo controlado.

Después de tantas cimas conseguidas a lo largo de tu carrera, de dónde sacas la motivación o las ganas para seguir subiendo cumbres y proponiéndote retos?
Las tengo, y las sigo teniendo. El día que me falten las ganas, dejaré de ir a subir montañas. A mí es que me gusta la montaña, no es que vaya para conseguir un reto o alfo especial. Voy a subir montañas y a estar en la montaña. Y para mí no es un trabajo, ni mucho menos. Ahora tengo un sponsor maravilloso que me permite hacer lo que me gusta. Ha sido una suerte que el BBVA me apoye, para todo, por cómo me tratan, es una auténtica maravilla.

Bueno tú también has demostrado tu valía con tu trayectoria deportiva en todo este tiempo…
Ya, bueno, pero llevo muchos años demostrándolo… Y ahora me llega este refuerzo, y me ha llegado un momento magnífico, estoy encantado;  estoy más motivado todavía teniendo este apoyo, aunque no me hacía falta ese patrocinio para seguir ascendiendo montañas. Cuando me llamaron del BBVA y fui a hablar con ellos para ver si me patrocinaban o no, les dije una frase que siempre recuerdan: “yo me voy el día 26 de agosto, con vosotros o sin vosotros”. (risas). Yo ya tenía organizado todo para mi siguiente expedición, y el BBVA se metió en el proyecto, y ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida deportiva, lo que más facilidades me está dando.

Sí, es sorprendente que dijeras esa frase… (Nacho Cano se mete en la conversación para dar la “versión BBVA”)
Nacho: “Él ya tenía organizada su expedición, y en ese momento nosotros le llamamos a él. Carlos se iba a ir y se iba a ir. El apoyo a Carlos surgió porque mi jefe le descubrió un día, y dijo: me apetece conocer a este hombre. Se juntaron los dos, se enamoraron mutuamente y a partir de ahí surgió el patrocinio… Mi jefe no hace montaña, ni le gusta especialmente el deporte ni tiene especial interés por el alpinismo, hasta que se enteró que existía y se dio cuenta de que era un patrocinio de valores que no tenía igual. Nosotros no patrocinamos a Carlos por ser alpinista, le patrocinamos por ser Carlos. Fue una cuestión de patrocinio de valores, de los valores que representa Carlos: si estuviera dando la vuelta al mundo en bicicleta, le patrocinaríamos igual. Que sea alpinista en este caso no es la razón, sino que es porque es él, los valores que representa, por el comportamiento que tiene, por la personalidad que demuestra, por el carisma, por la edad, es que es único…

Eso es lo que os llamó la atención, los valores
Los valores: prudencia, perseverancia, pasión, paciencia, sencillez… Es lo que nosotros estábamos buscando, bueno, ni siquiera lo estábamos buscando, nos lo encontramos. Nosotros patrocinamos a tres personas como embajadores de marca: Iker Casillas, Andrés Iniesta y Carlos Soria. Los valores son similares. Sencillos, trabajadores, sensatos, humildes… cada uno en lo suyo. La gente está descubriendo una verdad con Carlos, no hay dobleces…

¿Este apoyo ha cambiado tu forma de ir al Himalaya? Porque ahora recibimos crónicas actualizadas, casi día a día, de tu expedición
Sí, en cuanto a comunicación, por supuesto. Ahora, al equipo habitual, se han añadido dos cámaras y un periodista, que se quedan en el Campo Base; se manda una información veraz se cuenta cómo es la vida en el campobase, una manera diferente de cómo se ha transmitido la información de montaña generalmente, se le da importancia al cocinero, a lo sherpas, se cuentan cosas del día a día de una expedición en el campobase, como por ejemplo qué hacemos con la basura…

De todas formas es impresionante cómo ha cambiado la tecnología la forma de enfrentaros a la montaña, por ejemplo recibir la información meteorológica más precisa
La tecnología de la comunicación ha cambiado también bastante, aunque hay días que no funciona el wi-fi porque hace mucho frío (risas). Pero hasta llegar a esta comunicación casi diaria, ha llovido mucho… Antes no se sabía nada de ti hasta que regresabas a Katmandú. Recuerdo que en la primera expedición al Himalaya, teníamos unos tíos que iban corriendo a Katmandú y tardaban 12 y 15 días ida y vuelta en llevar y traer cartas; era divertido, pero ahora es mucho más rápido y práctico (risas); se llamaban los mailrunners. En la primera y segunda expedición teníamos mailrunners, y en el 86, en China, en el Everest, teníamos unos tíos que mandaban telegramas puestos por el gobierno chino, que además se llamaban Ching y Chang, radiotelegrafistas. Mandar una información a España tardaba como 6 horas, estaban en el campobase

A esos mailrunners les traes a una carrera de montaña y arrasan…
Sí, claro. He tenido una porteadora de 14 años que llevaba 35 kilos a la espalda, y llegaba de lasprimeras antes que la mayoría de hombres, impresionante. Con su uniforme azul, les daba mucha vergüenza con nosotros, tenía unas facultades increíbles. Han venido con nosotros 2 ó 3 expediciones aguantó cuando muchos se bajaron. A esa chica la traes aquí y la pones a entrenar… y no veas!

 

 

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