Horace Bénédict de Saussure, con él empezó todo

Hoy se celebra el aniversario de la primera ascensión al Mont Blanc
Jorge Jiménez Ríos
Horace Bénédict de Saussure, con él empezó todo
Horace Bénédict de Saussure, con él empezó todo

El espectáculo de la montaña excita en el alma una emoción más profunda… ¡qué océano de pensamientos!

Las montañas siempre estuvieron ahí, pero nadie las había mirado de esa manera. Morada de tempestades y penurias y de seres por encima o por debajo de los hombres, las cumbres de los Alpes eran el íntimo recuerdo de la nimiedad del ser humano frente a los bastiones de roca y hielo que arañan los horizontes. Ser un pionero no consiste en llevar a cabo actos más valientes que tus sucesores, basta con imaginarlos.

Horace Bénedict de Saussure hilvanó un legado seducido por el anhelo de las cimas, cuando en verano de 1760 la imprecisa mole del Mont Blanc despertó en él una “enfermedad” que se desbocaría hasta estallar en la pasión del alpinismo. Fueron sus ojos los primeros que aspiraron alcanzar una cumbre sólo por la exaltación de la lucha del hombre frente al coloso.

Hombre estudioso y científico, interesado en filosofía, botánica o geología, Saussure supo combinar su ambición por el conocimiento con la nueva concepción que hormigueaba en su interior: “Desde mi infancia siento hacia la montaña la más decidida pasión”. De aquellos primeros viajes en 1760 y 1761, divagando entre las tétricas agujas, las cúpulas nevadas y las lenguas glaciares que lamen el valle de Chamonix, la idea de dominar el Mont Blanc encontró su forma, y el joven ginebrino ofrecería una considerable recompensa para quien lograse trazar una ruta practicable hasta la cima del soberano de los Alpes. El primero en intentarlo sería Pierre Simon, fallando en su tentativa por la vertiente del Tacul y una vez más por el glaciar Des Bossons, regresando a Chamonix “sin ninguna esperanza de éxito”. Distintos guías de la comarca lo intentan en las décadas sucesivas hasta que el 8 de agosto de 1786, Jacques Balmat y el doctor Michel Paccard, tras un estupendo esfuerzo, alcanzan los 4.807 metros y descubren un secreto que han seguido buscando los hombres hasta hoy: allí arriba no había nada, pero para muchos lo iba a significar todo.

Horace Bénédict de Saussure, con él empezó todo

Un año más tarde, el 3 de agosto de 1787, Saussure vería recompensado su afán y, acompañado por un formidable equipo de dieciocho guías, repite la ruta de Paccard y Balmat para contemplar Chamonix desde el domo inmaculado del Mont Blanc, aprovechando para medir su altitud, con un error de apenas 30 metros. “La luna brillaba en el centro de un cielo de ébano, arrojando una luz radiante sobre la montaña. Deslumbrante, tanto como las estrellas”.

Si uno pasea por Chamonix no tardará en cruzarse con una escultura en el que dos hombres señalan y observan fascinados el Mont Blanc. Son Saussure y Balmat, reflejo de esa nueva mirada, del despertar de la aventura en las montañas, del momento en que por vez primera se imaginó el alpinismo.

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