La clave no es eliminar el miedo, sino impedir que se convierta en pánico. Si consigo mantener la calma y la serenidad en situaciones complicadas, tendré muchas más probabilidades de tomar buenas decisiones.
Hay profesiones que se construyen sobre certezas. La de Christa Funk se sostiene precisamente sobre lo contrario. El océano puede cambiar a cada minuto. La luz también. Las olas no repiten su forma y las condiciones perfectas suelen durar apenas unos instantes. Sin embargo, es en ese territorio imprevisible donde esta fotógrafa estadounidense ha desarrollado una mirada reconocible y una carrera que la ha convertido en una referencia internacional dentro de la fotografía de surf.
Lo llamativo de su trayectoria no es únicamente la proximidad al riesgo o la espectacularidad de las imágenes. Lo verdaderamente singular es la paciencia con la que observa. Mientras gran parte de la fotografía contemporánea parece orientada a producir más imágenes y más rápido, Funk ha aprendido a esperar. A entender que algunas fotografías solo existen cuando coinciden factores imposibles de forzar: una determinada luz, una emoción auténtica y una naturaleza dispuesta a ofrecer algo irrepetible.
Fotógrafa de surf, exmiembro de la Guardia Costera y observadora privilegiada de algunos de los mares más salvajes del planeta, Christa Funk ha construido una carrera siguiendo olas, tormentas y momentos irrepetibles. Desde las aguas de Hawái hasta los escenarios más icónicos del surf mundial, su cámara ha capturado mucho más que maniobras espectaculares: ha documentado la relación íntima entre el ser humano y una naturaleza fascinante.
Su historia, además, trasciende el surf. Habla de perseverancia, de respeto por aquello que no podemos controlar y de la capacidad de seguir avanzando incluso cuando el camino se complica. Con motivo de su participación en el Ocean Film Tour, en el que presenta su documental Christa Funk: First In, Last Out, que está recorriendo una veintena de ciudades españolas, conversamos con ella sobre el océano, el miedo, la fotografía y las lecciones que ha aprendido después de toda una vida persiguiendo olas alrededor del mundo.
¿Recuerdas el momento exacto en que pensaste: «Quiero dedicar mi vida a la fotografía de surf»?
Esa sensación llegó la primera vez que fotografié Pipeline. La fotografía de surf era completamente nueva para mí y enseguida comprendí que tenía un enorme margen para aprender y evolucionar. Me brindaba la oportunidad de estar en el océano cada día y, al mismo tiempo, abría la puerta a un nuevo capítulo en mi vida. Desde ese instante supe que quería seguir ese camino.
Al principio, ¿qué fue lo que más te atrajo: el océano, la fotografía o el sentido de la aventura?
El océano, sin duda. Me encanta el agua y la sensación de libertad que me proporciona. Me da igual que sea clorada, dulce o salada; disfruto de cualquier forma de estar en ella. Sumergirme me ayuda a regular mis emociones, encontrar el equilibrio y reconectar conmigo misma. Es un lugar donde todo lo demás deja de importar.
¿Cómo fue adentrarte en un entorno históricamente dominado por hombres? ¿Sentiste que tenías que demostrar más que otros fotógrafos para que te tomaran en serio?
En realidad, ese entorno me resultaba familiar porque ya lo había vivido en la Guardia Costera. Cuando estudié en la Academia, aproximadamente el 90 % de los alumnos eran hombres, y después desarrollé mi carrera en una profesión donde las mujeres seguían siendo una minoría muy marcada. Trabajar y competir junto a hombres siempre me pareció algo natural.
Nunca afronté la fotografía de surf pensando que tenía que demostrar mi valía por el hecho de ser mujer. Mi objetivo siempre fue presentarme, trabajar con constancia y ganarme el respeto a través de mis acciones y de la calidad de mis imágenes.
¿Hubo alguien que te abriera puertas o fue un camino completamente autodidacta?
He tenido la enorme fortuna de encontrar personas que me abrieron puertas y compartieron conmigo sus conocimientos. Kenji Croman me llevó a mis primeras sesiones en Sandy Beach y, más adelante, a Pipeline. Larry Haynes y Erik Ippel, dos cineastas extraordinarios, me enseñaron muchísimo, al igual que Tamayo Perry y Flynn Novak.
Mi marido, Jake DiPaola, también ha sido una fuente constante de apoyo y de perspectiva. Todos ellos me ayudaron a comprender mejor el océano, a interpretar las condiciones del mar, a evaluar distintos rompientes y a crecer como fotógrafa. Sinceramente, no estaría donde estoy hoy sin su guía y generosidad.
¿Qué sacrificios personales implica dedicar una vida a perseguir olas por todo el mundo?
Perseguir las olas significa, muchas veces, dejarlo todo de un momento para otro cuando las condiciones son las adecuadas, y eso puede resultar complicado para las personas que te rodean. En muchos sentidos es una vocación egoísta, porque la naturaleza no espera a que el momento sea conveniente.
He tenido la inmensa suerte de compartir mi vida con un marido que comprende perfectamente en qué consiste mi trabajo y que lo apoya de forma incondicional. Jake ha desempeñado un papel fundamental en mi trayectoria, y le estaré siempre profundamente agradecida por su apoyo y por aceptar la imprevisibilidad que acompaña a esta forma de vida.
¿Qué rasgo de tu personalidad crees que más te ha ayudado en esta profesión: la paciencia, la ambición, la resiliencia…?
La tenacidad. Cuando me propongo una meta, hago todo lo que está en mi mano para alcanzarla. No me rindo con facilidad y he aprendido que los contratiempos forman parte del proceso. Por muchas veces que la vida me derribe, siempre vuelvo a levantarme, me adapto y sigo avanzando.
¿Puede uno acostumbrarse a trabajar tan cerca del peligro o el miedo nunca desaparece del todo?
En cierto modo, se parece a una terapia de exposición. Cuanto más tiempo pasas en condiciones difíciles, más cambia tu percepción. Una ola que para alguien que está aprendiendo a surfear parece gigantesca puede resultar perfectamente manejable para quien lleva años en el agua.
Dicho esto, nunca querría que el miedo desapareciera por completo. Un respeto sano por el océano me mantiene alerta, consciente y preparada. La clave no es eliminar el miedo, sino impedir que se convierta en pánico. Si consigo mantener la calma y la serenidad en situaciones complicadas, tendré muchas más probabilidades de tomar buenas decisiones.
¿Cuál ha sido el momento más duro o más crítico que has vivido mientras fotografiabas surf?
Los momentos más difíciles no han tenido que ver conmigo, sino con ver a otras personas sufrir accidentes graves, especialmente en Pipeline. He presenciado cómo los socorristas rescataban a surfistas que estaban, literalmente, al borde de la muerte. Esas experiencias son un recordatorio sobrecogedor de que todo puede parecer bajo control en el océano hasta que, en un instante, deja de estarlo. También han reforzado el enorme respeto que siento por la fuerza del mar y por los profesionales que arriesgan su propia vida para salvar la de los demás.
¿Cómo cambia tu forma de interpretar el océano cuando estás en el agua con deportistas de élite?
Mi manera de leer el océano prácticamente no cambia; es algo que hago constantemente, independientemente de a quién esté fotografiando. Lo que sí cambia es el grado de confianza que tengo en las capacidades del deportista. Con surfistas de élite sé que pueden afrontar situaciones que la mayoría de la gente no podría manejar, lo que me permite colocarme de forma más estratégica para capturar los momentos que probablemente van a crear.
La naturaleza es infinitamente impredecible, y eso es precisamente lo que mantiene viva la fotografía de surf. No existen dos olas exactamente iguales, como tampoco existen dos encuentros idénticos entre el surfista, la luz y el océano.
¿Qué convierte una fotografía de surf en una imagen verdaderamente extraordinaria y no simplemente espectacular?
Para mí, todo se reduce a tres elementos: la luz, la emoción y la espontaneidad de la naturaleza. Una ola impresionante o una maniobra espectacular, por sí solas, no bastan. Las imágenes que realmente permanecen en la memoria son aquellas en las que todo se alinea en un instante irrepetible: una luz excepcional, una emoción auténtica y un momento inesperado que solo la naturaleza puede ofrecer. Esa combinación es la que transforma una fotografía de surf en algo verdaderamente inolvidable.
¿Cómo ha cambiado tu perspectiva como fotógrafa con el paso de los años?
Desde que la fotografía se convirtió en mi profesión a tiempo completo, me he vuelto mucho más selectiva con los días en los que salgo a fotografiar. Si estoy trabajando por encargo, estoy allí para cumplir con mi cometido, independientemente de las condiciones. Pero cuando fotografío únicamente para mí, elijo con mucho cuidado jornadas con una luz y un mar excepcionales. He aprendido que la paciencia suele dar lugar a mejores imágenes y que prefiero esperar el momento adecuado antes que forzar uno que no existe.
En un deporte tan visual, ¿cómo consigues seguir encontrando imágenes originales?
La naturaleza es infinitamente impredecible, y eso es precisamente lo que mantiene viva la fotografía de surf. No existen dos olas exactamente iguales, como tampoco existen dos encuentros idénticos entre el surfista, la luz y el océano. Cuando esos momentos inesperados coinciden con una buena composición y una emoción genuina, surgen imágenes que se sienten únicas e imposibles de repetir.
¿Qué consejo le darías a una joven que quiere dedicarse a la fotografía de acción o de surf?
Existen muchísimas maneras de abordar la fotografía de acción y de surf, así que mi principal consejo sería que encuentre su propio estilo y permanezca fiel a él. Que sea constante, puntual, que empiece poco a poco y que trabaje con dedicación. No permitas que los demás dicten cómo debes fotografiar o cómo debería ser tu trabajo. Intentar imitar a otra persona acaba agotándote y generando frustración. Tu perspectiva única es tu mayor fortaleza: abrázala, acércate a la comunidad con respeto y deja que ese camino te lleve donde tenga que llevarte.
Después de tantos años viajando y fotografiando el océano, ¿cómo ha evolucionado tu relación con el mar?
Cuanto más tiempo paso en el océano, más consciente soy de lo poco que realmente sé sobre él. Cada sesión me enseña algo nuevo y me recuerda que el mar nunca podrá comprenderse ni controlarse por completo. Con los años, mi relación con el océano ha pasado de la emoción y la fascinación a un profundo sentimiento de respeto y humildad.
¿Qué lugares del mundo han dejado una huella más profunda en ti, tanto a nivel personal como visual?
Hawái es el lugar que más profundamente me ha marcado, tanto personal como visualmente. Allí me gané el respeto de una comunidad que admiro profundamente, perfeccioné mi oficio como fotógrafa y conocí a muchas de las personas que hoy considero mis mejores amigos. También es donde he encontrado oportunidades para devolver algo a la comunidad y generar un impacto positivo en el lugar al que llamo hogar. El océano y la gente de Hawái no solo han moldeado mi trabajo, sino también la persona que soy.
¿El océano sigue sorprendiéndote?
Sin duda. El océano me sorprende constantemente y, muchas veces, son los pequeños detalles los que más me impresionan. La forma en que la luz incide sobre una ola, una interacción inesperada entre la fauna marina y el surf o un instante fugaz que nadie habría podido prever. Son esos momentos los que mantienen viva mi curiosidad y me recuerdan que el océano está en permanente cambio. Ese sentido del descubrimiento es una de las razones por las que sigo regresando una y otra vez.
Después de tantos años de carrera, ¿qué es lo que te sigue motivando?
Lo que me motiva hoy es saber que mis imágenes pueden ofrecer a otras personas un breve respiro de aquello que estén viviendo. Si una fotografía consigue transportar a alguien al océano, aunque solo sea por un instante, y hacer que el mundo parezca un poco más ligero o transmitir una sensación de paz, entonces habrá cumplido un propósito verdaderamente significativo. Crear esa conexión sigue inspirándome cada vez que tomo una cámara entre las manos.
¿Qué te ha enseñado el océano sobre ti misma?
El océano me ha enseñado que la naturaleza es infinitamente más poderosa que nosotros, que el ego puede ser peligroso y que el respeto lo es todo. Me ha obligado a ser humilde una y otra vez, recordándome que la confianza nunca debe sustituir a la preparación ni a la conciencia de los riesgos. Cuanto más tiempo paso en el agua, más valoro la humildad, la paciencia y el respeto absoluto por las fuerzas que escapan a nuestro control.
¿Sigue habiendo una ola —o un instante— que persigues?
Siempre. Siempre existe una nueva ola, un nuevo momento o una combinación irrepetible de luz, emoción y naturaleza que todavía no he tenido la oportunidad de contemplar. La posibilidad de presenciar algo verdaderamente único es lo que hace que vuelva una y otra vez, año tras año.
Cuando miras atrás, ¿qué le dirías a la Christa que estaba empezando?
Le diría que no tuviera miedo de avanzar despacio. Mientras sigas avanzando, seguirás acercándote a tu destino. No hace falta que todo ocurra de golpe; también hay valor en recorrer el camino largo. Cada revés, cada decepción y cada obstáculo representan una oportunidad para aprender, crecer y prepararse mejor para lo que vendrá después.
¿Qué significa para ti formar parte del Ocean Film Tour?
Es un auténtico honor formar parte de este festival. El equipo ha realizado un trabajo extraordinario seleccionando una colección de películas inspiradoras y diversas, y me siento profundamente agradecida de que mi historia forme parte de ella. Saber que algo tan personal va a compartirse con personas de todo el mundo resulta, al mismo tiempo, emocionante, humilde y casi surrealista, y me siento inmensamente agradecida por esta oportunidad.
¿Cómo te hace sentir que tu trabajo se muestre fuera del núcleo del mundo del surf?
El mundo del surf es relativamente pequeño, por lo que tener la oportunidad de compartir mi trabajo con un público mucho más amplio es un auténtico privilegio. Espero que pueda inspirar a las personas a preocuparse más por el océano, incluso aunque nunca hayan practicado surf o submarinismo. Y si mis fotografías consiguen que alguien sienta que está allí, dentro del agua, viviendo esas aventuras conmigo, entonces habré logrado exactamente lo que buscaba.
¿Por qué crees que historias como la tuya conectan con la gente más allá del surf?
Creo que historias como la mía trascienden el surf porque, en el fondo, no hablan de surf, sino de la condición humana. Cada persona experimenta las dificultades de una manera distinta, pero casi todos sabemos lo que significa atravesar una etapa en la que la vida resulta abrumadora o incierta.
Hay muchos aspectos de mi historia personal que no aparecen en la película, y me parece perfectamente bien. Nadie necesita conocer todos los detalles para comprender su esencia. Lo importante es esa experiencia universal de atravesar la oscuridad y seguir buscando la esperanza. Eso es lo que siempre he intentado hacer en mi propia vida: seguir encontrando la luz, incluso cuando parece estar muy lejos.







