Andrzej Bargiel desciende el Nanga Parbat con esquís y sigue ampliando los límites del esquí extremo

Bargiel suma el Nanga Parbat a una trayectoria histórica y completa los cinco ochomiles de Pakistán descendidos con esquís sin oxígeno suplementario

Redacción Oxígeno

Andrzej Bargiel desciende el Nanga Parbat con esquís y sigue ampliando los límites del esquí extremo
Andrzej Bargiel desciende el Nanga Parbat con esquís y sigue ampliando los límites del esquí extremo

Hay montañas que admiten un descenso con esquís. Y hay otras que parecen concebidas para impedirlo. El Nanga Parbat pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Sus enormes pendientes, la exposición permanente, la complejidad de la nieve y una parte alta donde el viento suele convertir la montaña en una sucesión de placas de hielo y roca hacen que cada intento sea una incógnita hasta el último giro.

Por eso la actividad realizada por Andrzej Bargiel merece ocupar un lugar destacado entre las grandes ascensiones del año. El esquiador y alpinista polaco alcanzó la cima del Nanga Parbat (8.126 m) y descendió la montaña con esquís hasta el campo base tras una ascensión realizada sin oxígeno suplementario, culminando uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera y ampliando una trayectoria que ya figura entre las más impresionantes de la historia del esquí de montaña.

El ataque definitivo llegó durante la primera ventana estable del verano pakistaní. Tras varios días de aclimatación y de espera, Bargiel lanzó su ofensiva desde el Campo 3, alcanzó la cima y comenzó inmediatamente el descenso, aprovechando unas condiciones de nieve que, aunque lejos de ser ideales, resultaron suficientes para encadenar una bajada de enorme compromiso. A la espera de que su equipo publique el track definitivo y el análisis completo del itinerario, todo apunta a que se trata de una de las líneas más completas jamás esquiadas en la montaña.

Bargiel durante el descenso del Nanga Parbat con esquís. Foto: @andrzejbargiel
Bargiel durante el descenso del Nanga Parbat con esquís. Foto: @andrzejbargiel

Un ochomil que nunca regala nada

Pese a su relativa cercanía al Himalaya occidental, el Nanga Parbat siempre ha mantenido una personalidad propia. Sus más de 4.000 metros de desnivel sobre la vertiente del Diamir, la continua caída de seracs, los cambios bruscos en el estado de la nieve y la dificultad para enlazar un descenso limpio desde las cotas más altas lo convierten en uno de los ochomiles más exigentes para el esquí extremo.

No es casualidad que, a diferencia de otras grandes montañas del Himalaya, el número de descensos completos sea extraordinariamente reducido. Incluso algunos de los mejores esquiadores de altura del mundo han tenido que cargar los esquís durante parte del recorrido cuando las condiciones no permitían otra opción.

Precisamente ahí reside el valor de la actividad de Bargiel: no solo en alcanzar la cima sin oxígeno suplementario, sino en encontrar una línea esquiable en una montaña donde las condiciones rara vez conceden esa oportunidad.

 


El hombre que cambió la historia del esquí en los ochomiles

Hablar de Andrzej Bargiel es hablar de la evolución del esquí extremo en alta montaña durante la última década.

En 2018 revolucionó el alpinismo al convertirse en la primera persona que descendía íntegramente el K2 con esquís, una actividad que muchos consideraban simplemente imposible. Después llegarían el Broad Peak, el Gasherbrum I y el Gasherbrum II, consolidando una colección de descensos sin precedentes en el Karakórum.

Más recientemente añadió el Everest a su lista de grandes realizaciones y ahora incorpora el Nanga Parbat, completando así los cinco ochomiles de Pakistán descendidos con esquís sin recurrir al oxígeno embotellado, una estadística que habla por sí sola de la dimensión de su proyecto deportivo.

Bargiel en el Nanga Parbat. Foto: @andrzejbargiel
Bargiel en el Nanga Parbat. Foto: @andrzejbargiel

Más que una colección de cimas

La importancia de Bargiel no reside únicamente en acumular descensos. Su aportación ha consistido en demostrar que es posible afrontar montañas de máxima dificultad en estilo ligero, con una logística contenida y haciendo del descenso el verdadero centro de la actividad.

Mientras buena parte del alpinismo comercial convierte la cima en el final de la aventura, para Bargiel el descenso sigue siendo la parte decisiva. La cumbre apenas marca el punto de partida de la maniobra realmente comprometida.

Con el Nanga Parbat añade una nueva línea de enorme compromiso a un currículo difícilmente igualable y continúa acercándose a uno de los objetivos más ambiciosos del esquí de montaña contemporáneo: completar los catorce ochomiles del planeta descendidos con esquís, una empresa que hace apenas dos décadas pertenecía más al terreno de la imaginación que al de la realidad.