Adiós al Puerto de Navacerrada

El Gobierno ordena desmantelar la parte inferior de la veterana estación de esquí de la Sierra de Guadarrama por la falta de nieve, consecuencia del cambio climático. Repasamos la historia de este lugar clave para los deportes de montaña de nuestro país.

Alfredo Merino

Eléctrico del Guadarrama y Hotel Victoria en 1927, en el Puerto de Navacerrada
Eléctrico del Guadarrama y Hotel Victoria en 1927, en el Puerto de Navacerrada

No es habitual que una noticia de actividades y deportes al aire libre ocupe un espacio destacado en prensa, informativos y redes sociales. Esta lo ha sido, hasta el punto de que se abrió paso entre la marejada de informaciones de primer orden, como las referentes al coronavirus, los escándalos de la corrupción y las poco ejemplarizantes novedades de la Corona. El pasado 3 de marzo, propios y extraños quedaron sorprendidos por la orden del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, MITECO, que dictaba los plazos para el desmantelamiento de la histórica estación de esquí del Puerto de Navacerrada

La evolución de este centro en las últimas décadas, cada vez con menos días que reuniesen el mínimo de condiciones para la práctica del deporte blanco, han hecho imposible su viabilidad. Han sido estas condiciones, motivadas por el aumento de las temperaturas debido al cambio climático, las que finalmente han obligado a tomar una decisión que debe ser el inicio de un nuevo periodo caracterizado por su sostenibilidad.

Medio siglo de calentamiento 

Desde los pasados 70, década considerada último periodo de buena innivación, las condiciones ambientales del Puerto de Navacerrada han sido cada vez menos favorables. En el último medio siglo la temperatura media ha aumentado 1.95ºC, reduciéndose la cantidad de nieve el 25 por ciento.  

La orden de desmantelamiento ha sido tomada atendiendo el informe del Organismo Autónomo de Parques Nacionales, responsable de la gestión de los primeros espacios naturales españoles, entre los que se encuentra el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, cuyos límites alcanzan los bordes de la estación de esquí. En comunicado a la Junta de Castilla y León, en cuyo territorio se extiende el dominio esquiable, señala que no renovará la concesión administrativa de estos terrenos, otorgada el 3 de abril de 1996 por un periodo de 25 años, y que permitía su gestión privada al no resultar viable. 

Situadas en los montes de Valsaín, vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama, las pistas de la parte baja de la estación, Telégrafo, Escaparate y El Bosque deberán ser desmontadas en un plazo que expira el 30 de octubre de 2021, revirtiéndose al Estado su entorno en su estado natural primitivo. Esto obliga a retirar telesillas y restos de elementos: cables, pilonas y todas las instalaciones, entre las que se incluye un tapiz rodante, carente dicho sea de paso sin autorización, situado en la cabecera de la pista del Telégrafo. La orden incluye la desaparición del sistema de innivación artificial: depósito de agua, compresores y resto de maquinaria, tomas de agua, conducciones para agua y aire, y los propios cañones productores de nieve artificial, así como los escombros que se originen. Una vez retirados todos estos elementos, se debe proceder a la restauración ambiental y paisajística del entorno.   

La medida solo atañe a las pistas de la parte inferior de la estación, curiosamente las que en todos estos años han presentado mayor volumen de innivación. Por el contrario, las de la parte alta, correspondientes a las laderas de Las Guarramillas, la Bola del Mundo, se han abierto contados días en los últimos años. A pesar de las medidas por mantener la nieve en ellas, mediante la construcción de prolongadas empalizadas, que suponen un elemento altamente contaminante del paisaje serrano, el citado aumento de las temperaturas, junto con el viento, siempre presente en el entorno del Puerto por motivos orográficos, junto con la elevada insolación de las laderas de Las Guarramillas, hacen que por mucha nieve que caiga, esta desaparezca en muy poco tiempo. 

Excursionistas, montañeros, usuarios, trabajadores y simples turistas ven en esta orden el primer paso para el desmantelamiento absoluto de un lugar que tiene un papel decisivo en la historia y el desarrollo de los deportes de montaña de Madrid, lo que equivale a decir de toda España. Tras la medida, pocos dudan de que el resto de instalaciones del puerto de Navacerrada no seguirán el camino que las del vecino puerto de Los Cotos. 

Valcotos fue una estación de esquí nacida en 1969 como desahogo de Navacerrada, que ya empezaba a registrar importantes colapsos por el excesivo número de esquiadores que acudían los fines de semana. La disminución de nieve señalada, junto con los problemas ambientales que causaban su proximidad con el Parque Regional de Peñalara, obligaron a la Consejería de Medio Ambiente de Madrid a desmontar sus instalaciones en 1999, solo treinta años después de su apertura, en un caso que por el momento ha sido único en Europa.

Foto: M. Estebaranz
Foto: M. Estebaranz
Cuna del guadarramismo 

Antigua majada de pastores, la que la única presencia humana del puerto fue durante mucho tiempo el refugio de fortuna que utilizaban los cabreros y pastores de ambas vertientes serranas y el viejo mojón real que señalaba los límites de los Montes de Valsaín. Aquel portacho cuyo nombre señala, mejor dicho señalaba que las nieves mantenían cerrada la nava –lugar despejado de árboles entre montañas– que era muchos meses al año, fue el objetivo señero de la que está considerada la primera excursión moderna realizada en España. 

Sucedió el 15 de julio de 1883, cuando Francisco Giner de los Ríos, junto con Bartolomé Cossío, otros tres profesores y ocho alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, calzaron las abarcas, se pusieron al hombro los macutos y se echaron a andar por la sierra. La excursión puso en práctica las ideas de Giner, quien consideraba a la naturaleza la mejor de las escuelas. Emprendieron una travesía de tres días entre Villalba y la Granja, cruzando la Sierra de Guadarrama. Su primer objetivo fue el puerto de Navacerrada y el Alto del Guarramillas su particular Everest. En aquel momento nació lo que ha dado en llamarse guadarramismo, movimiento que vincula la sierra con la cultura y hace de la naturaleza y la montaña el mejor instrumento para la formación.

Las primeras ‘esquiadas’ de España 

No había acabado el siglo XIX, cuando se apuntó a la estela que había abierto Giner de los Ríos un entusiasta grupo de madrileños, que vio en la sierra el escenario perfecto para dar suelta a sus aficiones, que en esencia no eran otras que la práctica deportiva en contacto con la naturaleza. Aguerridos sportmans, como se llamaban entonces, conquistaron las montañas guadarrameñas y realizaron los primeros descensos con esquíes que se realizaron en España, en el temprano 1903, patinar lo llamaban entonces.  

Viajar desde Madrid a la Sierra no era sencillo. Los coches particulares se contaban con los dedos de la mano y había que recurrir al ferrocarril. Alcanzar entonces la Sierra era más complicado que marcharse hoy al Himalaya o al Kilimanjaro. La mayor parte de los domingos, aquellos primeros guadarramistas no tenían tiempo para subir al puerto de Navacerrada, para deslizarse por las laderas de Las Guarramillas o subir a las montañas vecinas, y tenían que conformarse con alcanzar El Ventorrillo, a mitad de camino entre Cercedilla y el puerto de Navacerrada, donde utilizaban una casilla de peones camineros como única instalación.  

En aquel periodo comienzan los primeros edificios del puerto. El chalet del Club Alpino Español, considerada la entidad montañera más importante de la época, con cien socios, fue el primero. Hoy solo es una ruina. Le siguió la Venta Arias que reformada en sucesivas ocasiones, aguanta sin inmutarse. 

La construcción en 1923 del Eléctrico del Guadarrama, tren que iniciaba su ruta en Cercedilla, al pie de la montaña, fue el espaldarazo al puerto de Navacerrada. Acudieron a su inauguración los Reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en un acto en el que el primer convoy subió hasta el Puerto de Navacerrada adornado con ramos de flores y las banderas suiza y española, en un remedo de los convoyes ferroviaros alpinos, modelo a seguir en aquel momento al pensar en desarrollo de las montañas. El trenecito propicio el crecimiento del puerto, que acabó convirtiéndose en una auténtica población de montaña. Los promotores del ferrocarril construyeron junto a la estación del puerto el Real Hotel Victoria, edificio que gastaba maneras de los grandes establecimientos hoteleros alpinos. El puerto de Navacerrada pasó a ser epicentro del montañismo madrileño.  

La Guerra Civil supuso un paréntesis que cambió esquiadores y montañeros por los combatientes situados a ambos lados del frente que recorría estos entornos serranos. Los años cuarenta supusieron el reinicio de la actividad montañera. Es en esta década cuando se instalan los primeros remontes mecánicos en las montañas españolas. El situado en las laderas de Las Guarramillas, sobre la carretera de Cotos, con sus pilonas echas de tablones de madera fue, según algunas fuentes el primero que funcionó en España. En el mismo paraje se erigió un trampolín para saltos hecho en piedra, así como un circuito de fondo sobre la actual carretera entre los puertos de Navacerrada y Cotos que, naturalmente, permanecía durante todos los inviernos cubierta de nieve.

Referencia del esquí español 

El Puerto de Navacerrada se convirtió en referencia del esquí español, siendo sede de frecuentes reuniones y campeonatos nacionales e internacionales. Dispuestos a albergar al naciente turismo serrano surgieron nuevos edificios, entre los que destaca el de la residencia de Educación y Descanso, de 1952, que fue conocido como El Rascacielos y también Cucharilla Hilton, en homenaje al popular personaje que ejerció muchos años de gestor, guarda, conserje y hombre para todos de la residencia franquista. 

Pasaron los años y las vetustas instalaciones fueron sustituidas por otras más modernas, colocando al puerto de Navacerrada a la vanguardia del deporte blanco nacional. Tanto fue así, que el primer sistema de innovación artificial colocado en España se instaló aquí en 1960. Se erigió un nuevo trampolín en el lateral de la pista del Escaparate y el circuito de esquí nórdico se trasladó a la ladera norte de Siete Picos. Su dificultad y compromiso, a media ladera, con tremendos repechos, la nieve casi siempre helada y sorteando grandes piedras y árboles centenarios, le convirtió en el más difícil y exigente del país. 

Destino de moda para los madrileños, los más de cinco meses al año que el puerto se cubría con un manto de nieve de varios metros de espesor, propició la aparición de numerosos edificios. Los usuarios de la estación se multiplicaban al mismo ritmo que la sociedad española aumentaba su económico. Los madrileños se acercaban cada vez en mayor número a la sierra, haciéndolo la mayoría a bordo de sus flamantes 600, símbolo por excelencia del llamado desarrollismo español. Las noticias de la época cuentan que algunos fines de semana subían 40.000 visitantes. En 1964 se prolongó el trazado del tren desde el Puerto de Navacerrada al de los Cotos y cuatro años después, semejante afluencia obligó a la mencionada apertura de la vecina estación de esquí de Valcotos. De esta época data la construcción de los aberrantes edificios de apartamentos, algunos de impensables diez alturas, que permanecen varados en el puerto.

Foto: M. Estebaranz
Foto: M. Estebaranz
El final de la edad de oro 

Así se entró en los años 70, momento en que, junto con el mencionado cambio climático, las tendencias del ocio blanco, espoleadas por el aumento del nivel económico de la sociedad española, hizo mirar a los esquiadores madrileños a destinos más lejanos pero más apetecibles, como las estaciones de Sierra Nevada y Pirineos. El Puerto de Navacerrada se había quedado pequeño, había empezado su irremediable decadencia, que ha tenido su último pero no definitivo episodio con la orden del desmantelamiento de la parte inferior de la estación.  

Además de ocio invernal a los madrileños, las laderas nevadas del puerto de Navacerrada regalaron algo no menos importante y sin duda de absoluta transcendencia nacional. En sus pistas se formaron los dos únicos deportistas españoles ganadores de una medalla en los Juegos Olímpicos de Invierno. los malogrados hermanos Fernández de Ochoa. El irrepetible Paquito, fue el primero al ganar en los Juegos Olímpicos de Sapporo 1972, la medalla de Oro del eslalon especial. Fue una especie de metáfora, canto de cisne que anunció el fin de la edad de oro del puerto de Navacerrada. La segunda medalla la conquistó Blanca en los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville de 1992, bronce en la categoría de eslalon. 

La falta de nieve de las últimas décadas ha hecho que la estación de esquí del puerto de Navacerrada fuese un negocio ruinoso. Lugar poco recomendable, por tanto, para hacer inversiones. Algunas se hicieron sin embargo, como la renovación de determinados remontes y un nuevo circuito de innivación artificial, cambio de la gestión, proyectos tan poco sensatos como la construcción de un túnel de la carretera del puerto, para darle unidad al conjunto de la estación, un enorme aparcamiento subterráneo, o la unión con las pistas de la vecina Valdesquí. La palmaria falta de nieve las arrinconó una tras otra.

Último movimiento especulativo 

De esta manera, la Comunidad de Madrid emprendió una ambiciosa política de restauración, demoliendo edificios abandonados y rehabilitando algunos puntos del puerto. No hay que olvidar que el puerto es Lugar de Importancia Comunitaria y, por tanto, integrado en un espacio natural protegido. La llegada de Esperanza Aguirre a la presidencia de la Comunidad cambió esta política. En 2009 anunció un pomposo Proyecto de Recuperación Ambiental del Puerto de Navacerrada, cuyo fin último era un movimiento especulativo más propio de una gran ciudad que de un espacio protegido, paralizándose actuaciones previstas, como la demolición del arruinado edificio del Club Alpino Guadarrama. El calentamiento por una vez trajo algo bueno. La falta de nieve hizo que aquel plan se quedara en nada y, finalmente, aquella ruina fue demolida en el verano de 2019.  

Un recorrido hoy por la estación era una suerte de viaje al pasado. Los carteles que todavía cuelgan en el dominio llevan a un esquí del pasado en un viaje al esquí de otros tiempos. Una experiencia vintage donde uno se encuentra con la que tal vez sea la única pista de la nieve española cruzada por una ruta montañera que, además, es de las más populares y recorridas de España: el Camino Schmid. Negocios de alquiler de skis, así escrito, y trineos y, a los pocos metros, pandillas de domingueros estrellándose contra los árboles en los alrededores del Escaparate, a bordo de esos trineos, o de simples trozos de plásticos y lonas. Indicaciones que mandan a sitios inexistentes, como el fenecido circuito de fondo o, ¡un half pipe!  

Si ocurre el milagro y están abiertas todas las pistas, para recorrer la estación de punta a punta, es obligado quitarse las tablas para cruzar la carretera nacional que parte en dos el dominio. Cuando se cruza, es posible encontrarse en la siguiente pista unos excursionistas que suben ladera arriba, o tener que pararse para no atropellar a una familia que se entretiene en hacer un muñeco de nieve en mitad de la bajada.

Foto: Alfredo Merino
Foto: Afredo Merino
El futuro se llama desarrollo sostenible 

Todo esto desaparecerá muy pronto, cuando la temporada de invierno ponga su punto final dentro de unos días. No debe acarrear, sin embargo, la desaparición del puerto de Navacerrada como referencia del ocio de montaña de la zona Centro. Es necesaria su reconversión para mantenerlo vivo, para que siga ocupando un lugar destacado en nuestro imaginario, para que no desaparezcan los puestos de trabajo que ahora mantiene. Para ello hay que trazar un plan que apueste por un modelo de desarrollo sostenibles, con la promoción de actividades como el esquí nórdico, el skimo, las excursiones con y sin raquetas, junto con otros deportes de bajo impacto.  

Al mismo tiempo, es obligada la reordenación del puerto de Navacerrada, con la demolición de los edificios abandonados, cerrados e inutilizados. Algo que debe ser acompañado de la potenciación del Eléctrico del Guadarrama y la limitación del acceso y aparcamiento en vehículos privados. Estos son los mimbres con los que el puerto de Navacerrada puede volver a recuperar su importante papel entre los destinos del aire libre español. 

 

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