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Una investigación del Trineo de Viento revela la existencia de pesticidas en la Ántartida

30 noviembre 2016 | Redacción Oxígeno

Una investigación, publicada este mes de noviembre en la revista científica ‘Atmosferic Environment’, revela la existencia de contaminantes orgánicos persistentes (POP), procedentes de pesticidas, en el interior de la Antártida. La investigación, cuyos autores son Jordi Dachs y Ana Cabrerizo, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), ha sido posible gracias a los datos recogidos por el Trineo de Viento en su última expedición a este continente en 2011-2012, la expedición Acciona Windpowered Antártica.

En primer plano, muestreador utilizado en la recogida de datos
Las muestras de aire con este tipo de contaminantes, que se bio-acumulan en los seres vivos, fueron recogidos por el Trineo de Viento de la atmósfera de la Meseta Antártica desde los 73º Sur  hasta el Polo Sur, mediante muestreadores pasivos que iban a bordo del vehículo eólico, que realizó un recorrido de 3.500 kilómetros en 34 días. Se recogieron en períodos de entre 5 y 9 días y se mantuvieron en dos bolsas de teflón. También se recogieron muestras en blanco. Los responsables de este trabajo de campo fueron el fallecido científico Juan Pablo Albar y el responsable de la expedición Ramón Larramendi, que figuran también entre los firmantes.



Los investigadores han detectado determinadas cantidades de bifenilos policlorados (PPCB) en una cantidad que oscila entre los 0,8 ng (nanogramos) y los 26 ng. Estos compuestos se utilizaron en el pasado como revestiminento en muchos aparatos eléctricos. También han encontrado hexaclorobenceno (HCB) y hexaclorociclohexano (HCH) en cantidades similares, ambos utilizados como pesticidas, también hace años. Todos estos compuestos están prohibidos desde el año 2004 a nivel internacional, fecha en la que entró en vigor el Convenido de Estocolmo sobre contaminantes persistentes. La investigación demuestra que, pese a su prohibición,  los contaminantes orgánicos persistentes también han llegado a la región más remota de la Tierra desde sus fuentes de origen.

La evaluación de las trayectorias de las masas de aire y el conocimiento actual de la circulación atmosférica sobre el continente antártico sugieren que estos compuestos llegaron a la meseta antártica mediante la subducción de masas de aire de la troposfera libre. Las cantidades más bajas de contaminantes se observaron en las muestras del Polo Sur.

“Son las primeras medidas de estos contaminantes que se consiguen en el interior del continente antártico  y demuestran que la contaminación, aunque sea a niveles bajos, existe en todo el planeta muchos años después de que el compuesto deje de ser utilizado. Los PPCB se utilizaron desde 1920 a 1970, aproximadamente, en grandes cantidades y están hasta en el lugar que se supone más impoluto. Sin el Trineo de Viento, no habríamos tenido ocasión de contar con este material. Esta ha sido nuestra primera experiencia de colaboración con este proyecto, una prueba para ver si podía ser de utilidad para nuestro trabajo. Ahora, con estos resultados ya publicados, esperamos que haya más colaboraciones en el futuro”, afirma Jordi Dachs.



Por su parte, Ramón Larramendi, ha señalado: “Este trabajo científico publicado pone de manifiesto que el Trineo de Viento puede realizar trabajos científicos en lugares donde no sería posible de otro modo. El coste de una expedición motorizada, transportando miles de litros de gasolina, haría inviable esa posibilidadd, y no existe otro vehículo como este en el mundo, capaz de moverse por ese territorio a un coste asumible y de forma eficaz y eficiente”.

No es el primer trabajo científico ya publicado con datos conseguidos gracias al Trineo de Viento en los últimos meses. La pasada primavera, Juan Ignacio López Moreno publicó en Cuadernos de Investigación Geográfica un análisis sobre las características del manto de nieve de Groenlandia, tras la recogida de información realizada en la expedición Circunnavegación de Groenlandia 2014.

El Trineo de Viento es un vehículo eólico único en el mundo, un diseño del explorador Ramón Larramendi que ya ha recorrido más de 18.000 kilómetros en el Ártico y la Antártida en una decena de expediciones. Consiste en una plataforma modular, formada por rieles y travesaños, con cuatro configuraciones diferentes, que es capaz de transportar hasta 2.000 kilos de peso. Utiliza grandes cometas para moverse, impulsado por el viento, en grandes distancias. Es una alternativa eficiente (grandes resultados a un coste bajo), sostenible (cero emisiones) y eficaz (fácil de manejar y reparar). 

WEB Trineo de Viento: http://www.tierraspolares.es/trineodeviento/
WEB IEDAE: http://www.idaea.csic.es/

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