Viajes

Camino Primitivo: La esencia del Camino de Santiago

Hay senderos que se recorren caminando, y otros que además dejan huella. En la ciudad de Oviedo comienza uno de estos últimos. El Camino Primitivo no es una ruta más hacia Santiago de Compostela: es la más antigua de todas, y para muchos peregrinos, también la más auténtica, salvaje y transformadora.

Francisco Javier González / Fotos: Mikael Helsing

5 minutos

Camino Primitivo: La esencia del Camino de Santiago

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Confieso que, durante años, no comprendí del todo el magnetismo del Camino de Santiago. Me preguntaba qué tenía esa ruta para atraer a miles de caminantes de todo el mundo, siendo que —en comparación con otros grandes itinerarios— no atraviesa los paisajes más espectaculares de España. “El Camino de Santiago es mucho más que una ruta y mucho más que una sucesión de paisajes”, me dijo un día Juanjo Alonso, posiblemente uno de los mayores expertos en el Camino. “Deberías vivirlo. Es una aventura física y emocional que merece la pena experimentar, al menos una vez en la vida”.

Una década después de esa conversación, me encuentro en la plaza de la bella Catedral de Oviedo, a punto de comenzar mi primera peregrinación hacia Santiago. Lo haré por el que muchos consideran el Camino más duro y exigente, pero también el más genuino: la primera de todas las rutas jacobeas.

 

Un rey, una promesa, un camino

Todo comenzó en el siglo IX. Según relatan las crónicas, el rey Alfonso II el Casto recibió noticias de que unos restos descubiertos en Galicia podían pertenecer al apóstol Santiago. Aquel hallazgo no era menor. Convencido de su importancia, Alfonso partió desde su palacio en Oviedo y se adentró en el corazón de Asturias y Galicia hasta llegar a Compostela. Así nació el Camino Primitivo. Durante siglos fue la vía de peregrinación principal, hasta que la Reconquista permitió habilitar caminos más seguros por la Meseta. Hoy, casi mil trescientos años después de la primera peregrinación, este itinerario histórico sigue vivo y, aunque muchas cosas han cambiado, otras permanecen como antaño: los imponentes paisajes de montaña, las pintorescas aldeas, los bosques que respiran silencio, y la hospitalidad sincera de quienes aún entienden la acogida como un valor esencial.

De Asturias a Galicia: un viaje interior

El Camino Primitivo no es una ruta amable. No hace muchas concesiones. Pero lo que ofrece, lo entrega con generosidad. Son 321 kilómetros entre Oviedo y Santiago de Compostela que exigen mucho más que un buen equipo de senderismo. Hace falta preparación, paciencia, algo de sentido del humor y una buena dosis de motivación para llegar entero, tanto física como emocionalmente. Y os lo digo desde la absoluta experiencia: un mes después todavía tengo que recuperarme de una desafortunada lesión en el Camino. Así que estáis avisados: no es una ruta para la imprevisión.  Una buena preparación física y una mochila bien equipada pueden marcar la diferencia entre el disfrute y el sufrimiento en algunas de las etapas. Y hemos venido a disfrutar ¿no es así?

El itinerario se divide habitualmente en 13 a 15 etapas si se realiza íntegramente a pie, y atraviesa dos regiones con fuerte personalidad geográfica y cultural: Asturias y Galicia. Las etapas -sobre todo en la sección asturiana- son exigentes: subidas prolongadas, pasos de montaña y descensos técnicos. Caminatas que sin duda supondrán un esfuerzo, pero también nos conectarán con la forma más pura y tradicional de peregrinar. Caminar es también es el mejor modo de establecer vínculos con otros caminantes, que pronto se transformarán en compañeros de viaje. Paso a paso, el Camino se convierte en una actitud. En una manera distinta de mirar, de detenerse, o de saludar y conversar con otros peregrinos y lugareños. Quizá sea eso lo que define el verdadero espíritu de una peregrinación: abrirse a lo que te rodea.  

 

Asturias indómita

“¿Es tú primera vez en el Camino y has elegido el Primitivo?”, me pregunta sorprendida una guía polaca con más de veinte Compostelas en su haber. Y sus razones tiene: desde Oviedo hasta la frontera con Galicia, en el Puerto del Palo, la orografía asturiana impone respeto. El suficiente para que muchos no elijan el Primitivo en su primera vez. Porque lo que en el mapa aparece como una pendiente moderada, es un desafío para las piernas. Y lo que aparece como un puerto, se siente como un muro.  Pero a cada hito superado, el Camino retribuye con creces: nieblas que envuelven los valles al amanecer, sentir en la piel el orbayu que empapa sin estridencias, o un trozo de cecina compartido entre peregrinos en la terraza de un albergue.  Los frecuentes pasos por robledales, castañares y hayedos forman auténticos santuarios naturales en los que, a menudo, al amanecer, es posible cruzar la mirada con corzos o zorros, escuchar el ulular de las coruxas, el croar de las ranas, el rumor de los arroyos que cantan en voz baja. Es parte de la banda sonora del Camino en la bella, indómita y siempre acogedora Asturias.

Galicia mágica

Al cruzar el límite entre Asturias y Galicia, el paisaje cambia, pero no pierde intensidad. Las montañas se suavizan, sí, pero la belleza se transforma. Galicia es bruma y humedad, piedra tapizada de líquenes. Es el sonido de una gaita en una plaza, el reflejo de las nubes en un charco junto a un cruceiro centenario, el aroma de la leña y del pan recién hecho, o incluso una queimada para espantar a los malos espíritus. 

Los peregrinos avanzamos entre aldeas que parecen -y son—de otros tiempos. A veces conviene dejar de seguir la flecha amarilla y perderse por alguna corredoira -esos angostos caminos, a veces empedrados y casi siempre embarrados- que conducen a bellos rincones ocultos. Las mañanas huelen a campo, a establo, a horno encendido. Y por las tardes lluviosas, si hay suerte, en alguna tasca del camino se ofrece vino y conversación. Aquí en Galicia el Camino se une al francés, y la cantidad de peregrinos aumenta significativamente. En los bares rurales, el euskera de un peregrino vasco se mezcla con el alemán de una caminante bávara y el gallego de quien sirve la empanada. La multiculturalidad surge con naturalidad: se comparten historias, tragos y aprendizajes. 

 

Patrimonio vivo

Uno de los grandes valores del Camino de Santiago, y del Primitivo en particular, es que no se limita a lo natural. Es también un viaje por la historia viva de la Península Ibérica. Desde la Catedral de San Salvador en Oviedo hasta la majestuosa Catedral de Santiago, cada puente medieval, cada capilla escondida, cada cruceiro cubierto de musgo, cada fuente olvidada, cada piedra… cuenta una historia. Porque cada pueblo, cada bosque, cada collado guarda la huella eterna de miles de peregrinos que pasaron antes.  El Primitivo es más que un paisaje: es patrimonio vivo. 

Ahora sí, entiendo mucho mejor lo que me quería decir Juanjo Alonso. Entiendo que el Camino no es sólo una ruta. No es solo una búsqueda. En el Camino muchos peregrinos hemos descubierto que no hace falta una gran razón para empezar a andar. A veces, basta con moverse, dejarse llevar por la ruta y estar abierto a lo que aparece. Y es ahí donde el Camino muestra su verdadera esencia. 

Y como un día me dijeron a mí, ahora te lo digo yo a ti: deberías vivirlo.

Razones para elegir el Primitivo (y no otro)

Hay muchos caminos a Santiago. Todos ellos válidos, todos ellos bellos. Pero si estás dudando, aquí te dejamos buenas razones para optar por el Primitivo:

  • Autenticidad: menos gente, menos ruido. Más esencia, más Camino.
  • Naturaleza virgen: paisajes de alta montaña, bosques húmedos, nieblas místicas.
  • Desafío físico y emocional: no es el más fácil, pero sí uno de los más transformadores.
  • Patrimonio único: iglesias prerrománicas, ciudades romanas, aldeas medievales.
  • Soledad acompañada: encontrarás menos peregrinos, pero más conexión.
  • Hospitalidad rural: la acogida en pueblos como Berducedo no se olvida.
 

CON QUIEN:

El operador de viajes Primitivo Travel organiza varios tours al año que recorren el Camino Primitivo caminando, a caballo y en bicicleta. Un triatlón peregrino para vivir el Camino desde distintos ángulos, combinando deporte, cultura y gastronomía. 
 

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