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¿Te gustaría salir de la rutina de pisar los senderos que recorren los demás cada fin de semana? ¿no eres amigo/a de cruzarte con mucha gente? ¿prefieres lugares solitarios y donde no haya alguien gritando o molestando? El montañismo te proporciona una valiosa e inteligente válvula de escape. Si el senderismo es la actividad más popular y asequible en la naturaleza, el montañismo puede considerarse el siguiente escalafón en dificultad, no tan técnico como la escalada o el alpinismo pero sí más ambicioso que caminar sólo por senderos balizados.
¿QUÉ ES EL MONTAÑISMO?
A menudo confundido con actividades menos técnicas (como el trekking o el excursionismo), el montañismo consiste en un conjunto de actividades sobre terrenos de montaña muy variable: desde caminatas por zonas de media y alta montaña, a trepadas rocosas que requieren el uso de las manos (lo que en escalada se cataloga como segundo y tercer grado de dificultad), además de ascensiones invernales asequibles con uso de piolet y crampones.
Practicar el montañismo requiere más años de experiencia y mayor prudencia que el senderismo pues las habilidades requeridas, el conocimiento del medio natural y los riesgos potenciales son superiores a recorrer caminos bien señalizados.
PERFIL RECOMENDADO
Muchas de las cualidades deseables son transversales a otras actividades en la naturaleza, pero sobresalen:
1) Poseer una experiencia mínima de 3 años en excursiones, incluidas varias de al menos 2 días seguidos.
2) Haber dormido en la naturaleza tanto en tienda de campaña, como sin ella (el auténtico vivac), no sólo en refugios guardados.
3) Ser capaz de caminar por la montaña incluso en malas condiciones: fatigado/a, lloviendo, con frío, de noche…
4) Tener compañeros/as con objetivos similares y una forma no competitiva de entender la montaña.
5) Comprender que es necesario formarse suficientemente con las personas adecuadas: guías titulados que imparten cursos y/o amistades de solvencia técnica comprobada que deseen enseñarte ¡no siempre querrán esa responsabilidad!
6) Aceptar que para salirte de un sendero balizado y transitar por terreno rocoso tipo aristas o crestas, laderas muy empinas y cimas afiladas resulta imprescindible asimilar de antemano algunas técnicas básicas de escalada; no basta con aprenderlas asépticamente en un rocódromo. La gestualidad, la técnica de aseguramiento con cuerda y la bajada en rápel han de practicarse sobre todo en la naturaleza, bajo la supervisión de un experto (no de una amistad con más ánimo por ayudar que experiencia).
7) Una cierta capacidad de sufrimiento y tolerancia a la frustración, por ejemplo para enfrentarte a un extravío o bajarte antes de hacer cima si existe algún tipo de peligro. No todo es disfrutar.
8) Conocimiento de primeros auxilios, tanto porque es más fácil sufrir una caída con consecuencias como una hipotermia por meteorología cambiante. Quien practica el montañismo accede a lugares más lejanos de núcleos urbanos y que no siempre tienen la suficiente cobertura para pedir ayuda al 112.
9) Moderar la ambición excesiva. Dos o tres años de montañismo no te capacitan para hacer cuatro miles famosos como el Cervino o el Mont-Blanc ni canales empinadas con hielo, por mucho que algunos compañeros o guías animosos te quieran convencer. Suena a consejo de “abuelo batallitas”, pero antes de correr hay que saber andar…
¿Y QUÉ MÁS?
Convertirse en un buen montañero o montañera puede llevarte fácilmente más de 10años, lo que hoy en día parece demasiado tiempo para el aceleramiento colectivo que impone la época actual. También resulta imposible lograrlo sin respetar a los demás y al medio ambiente, ignorando los valores naturales de las montañas en las que nos moveremos o despreciando el gran conocimiento que transmite la consulta de información en papel: guías, manuales, artículos de revistas especializadas y cartografía convencional.
Lo bueno es que practicar el montañismo regularmente amplía tu solvencia técnica, incrementa la satisfacción personal, tanto a corto como a largo plazo, ayuda a huir de los lugares más masificados (a menudo muy próximos a un aparcamiento) y nos pone en contacto
directo con territorios más salvajes o mejor conservados que los habituales.
