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Cada vez hay más grupos numerosos saliendo a la montaña, lo que no es del agrado de todo el mundo pero quizá si nuestra opción preferida. Organizarnos de una manera racional y entender qué limitaciones tienen nos ayudará disfrutar más.
La composición actual de los grupos es más variopinta que nunca: empleados de una empresa en una actividad de convivencia, grupos religiosos, asociaciones juveniles, varias parejas juntas, quedadas a través de las redes sociales, familias muy numerosas, salidas programadas de clubs o excursiones de pago.
NÚMERO DE COMPONENTES
Podemos subdividir los grupos en cuatro categorías:
1) Grupo reducido, hasta 5 o 6 personas. El más habitual para todo tipo de espacios naturales. En general reúnen amigos, aficionados que visitan regularmente la montaña o de miembros de un sola familia.
2) Grupo medio, unas 10 personas. Marca el límite máximo de individuos que pueden entrar en la mayoría de los espacios protegidos sin solicitar autorización previa. Se trata del límite de senderistas o montañeros que pueden moverse con cierta agilidad por terreno semi técnico (alta montaña estival y fácil o vías normales a una cima con algún tramo rocoso sencillo pero no expuesto).
3) Grupo grande, de 20 a 30 personas. Salvo si son personas experimentadas o van con 1 o 2 guías, conviene que limiten su actividad a itinerarios asequibles, de no más de 5 horas (ida y vuelta) y sólo con buen tiempo.
4) Grupo excepcional, de 35 a 100 personas. A evitar en lo posible en espacios naturales frágiles, con mal tiempo y si se trata de actividades de más de una jornada. Por desgracia es relativamente habitual ver cerca de las grandes ciudades estos grupos enormes conducidos por un solo guía –que a veces tiene una titulación insuficiente- en una actividad organizada por empresas poco escrupulosas o clubs de montaña no muy cuidadosos. Algunas marchas tradicionales de carácter anual congregan más de 300 personas y debe evaluarse con cuidado el recorrido escogido para reducir en lo posible el impacto ambiental.
PROBLEMÁTICA DE LOS GRUPOS
La facilidad de socialización en grupos informales convocados a través de Facebook o redes similares y la elevada oferta de empresas que anuncian excursiones muy económicas en torno a los 20-30 euros provocan un aumento espectacular de salidas grupales. Aunque no se puede negar los efectos beneficiosos para la mayoría de los participantes, como el mero disfrute en la naturaleza o interactuar de una forma mucho más relajada que en las ciudades, los grupos son ruidosos, pueden dejar un rastro de desperdicios a su paso (¿quién va a vigilar que las personas menos concienciadas no tiren papelitos cuando hacen sus necesidades?), molestar a otros senderistas, multiplicar el número de perros sin atar que pueden perseguir ganado o husmear en madrigueras, colapsar senderos estrechos y volverse demasiado molestos en ciertos momentos.
Cuanto mayor sea el número de componentes más probable resultará que existan discusiones –por ejemplo por opiniones políticas enfrentadas- o enfrentamientos con quien dirige la salida, tanto por disparidad de criterios como simplemente por fatiga, deshidratación, desánimo o ansias de protagonismo.
3 RECOMENDACIONES
1) Al menos un botiquín. Preferentemente lo llevará la persona que tenga más conocimiento sobre su buena utilización y formación en primeros auxilios.
2) Mapa de papel escala 1:25.000. Siempre ofrecerá mayor detalle y visión general del terreno que la brindada por la pantalla de un móvil ¡y no depende de batería alguna!
3) Contratar un guía titulado o incluso dos si el objetivo es ambicioso en duración /complejidad o cuando el grupo resulte grande e inexperto. No está de más recordar que 20 personas pueden convertirse en demasiadas si deben ser rescatadas por hipotermia o se han extraviado al formar subgrupos distanciados y que no conocen el terreno. Movilizar helicópteros para un gran rescate grupal puede tener consecuencias indeseadas.
COMUNICACIÓN
Seguramente ser ágiles en la comunicación entre los participantes requiere medidas tan sencillas como no permitir que se adelanten demasiado los componentes que están más en forma o perder el contacto visual y/o acústico con los más rezagados. Entre las medidas más sencillas pero que a menudo se soslayan, están:
a) Informar claramente antes de salir del aparcamiento: todo el mundo debe saber el nombre del objetivo al que nos dirigimos, si hay fuentes para reponer agua, quién decide cuándo hay que pararse a descansar y comer, y cuál es el horario previsto: duración total de la actividad y hora de llegada al aparcamiento.
b) Teléfono móvil: todos los componentes deben tener el número de móvil de quienes conocen el recorrido y por supuesto del guía o responsable de la salida
c) Silbato: llevar uno permite una localización mucho más eficaz y descansada en caso de extravío que gritar continuamente. Los silbatos de 100 decibelios se escuchan aproximadamente a más de 0,5 km de distancia y los ultra potentes de 140 decibelios son audibles a 1,5 km (atención a quien lo active porque puede rozar el umbral del dolor para sus oídos). Imprescindibles con viento fuerte, niebla o bosques muy tupidos. Son muy económicos, desde unos 5 euros se venden modelos eficaces, y ya los hay ultraligeros en titanio que apenas pesan 3 gramos.
