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Todos intentamos hacer bien las cosas en montaña, pero algunas de las más comunes pueden mejorarse. ¿De qué estamos hablando? Es muy habitual y sensato recapacitar sobre cómo podíamos mejorar ciertos hábitos cuando nos causan un problema de salud, pero a priori muchas de esas costumbres no aparentan resultar insuficientes.
1) GAFAS DE SOL PARA EL VERANO O LA NIEVE
La gran mayoría de usuarios de gafas de sol únicamente las utiliza en montaña durante el verano o en invierno si van a la nieve. Cuando el sol es “menos fuerte “ o el día está nublado se considera erróneamente que ya no hacen falta, sin embargo puede favorecer la aparición de cataratas y alteraciones de la retina. Según la Asociación Europea de Gafas de Sol y el Colegio Oficial de Ópticos Optometristas de Cataluña hasta el 90% de la radiación ultravioleta puede llegar a nosotros aunque el cielo esté nublado. El doctor Cilveti, jefe de oftalmología del Hospital Internacional Vithas Xanit va más lejos: “El uso de gafas de sol protectoras todo el año reduce en un 30% las posibilidades de desarrollar tumores y enfermedades oftalmológicas. (…) En general, se ha demostrado este daño en la conjuntiva, la córnea, el cristalino y la retina, especialmente la mácula” y concluye: “Debemos asegurarnos de utilizar gafas de sol siempre que nos encontremos al aire libre”.
La gafa idónea para todo el año es la fotocromática, que se auto oscurece los días muy luminosos y se aclara si se nubla el cielo o transitamos por sombra, permitiendo mejor visibilidad, junto a un contraste mayor de los relieves (lo que reduce el riesgo de tropezar caminando o no ver bien los agarres de la roca cuando vamos trepando/escalando). Cuestan de 80 a 200 euros y las mejores llevan lentes categoría 0 a 4.
2) RELLENAR AGUA SIN POTABILIZARLA
El verano más cálido de la historia de España, desde los primeros datos recopilados en 1865, no lo ha puesto fácil a la potabilidad de fuentes y arroyos. Se han registrado por encima de la media varios incidentes y rescates por gastroenteritis aguda en diversos macizos… y este otoño de 2026 también viene con temperaturas altas y pocas precipitaciones en general.
Un error relativamente común entre los aficionados a la montaña es rellenar el agua en los baños de refugios, gasolineras o bares. Esos grifos están expuestos a bacterias como el escherichia coli y la contaminación fecal cruzada (por manos sucias o aerosoles dispersados cuando tiran de la cadena del retrete otros usuarios) puede causarnos problemas en pocas horas. Comprar agua envasada o potabilizar siempre la que cojamos con pastillas de calidad eficaces contra bacterias y virus es la mejor prevención.
3) USAR UN BASTON
Caminar con un bastón resulta útil en excursiones cortas y por terreno fácil, pues vamos más ligeros, abulta menos plegado en la mochila y tenemos siempre una mano libre para consultar un mapa, agarrarnos a algo o protegernos si nos caemos al suelo. Sin embargo conlleva importantes inconvenientes respecto a manejar dos: trabajo asimétrico que puede causar dolores, menos estabilidad en descensos empinados (especialmente si llevamos una mochil pesada) y mayor sobrecarga en rodillas.
Un consejo: cuando utilices un solo bastón, cambia regularmente de mano.
4) LLEVAR UNA SOLA BOTELLA
Es muy habitual emplear un único recipiente para llevar el agua, pero puede implicar importantes desventajas:
1) Pérdida de todo el líquido por perforación –más habitual en botellas de agua mineral o bolsas de hidratación baratas/muy usadas- y también por errores de roscado del tapón (más probables con los nuevos tapones imperdibles de cuarto de vuelta generalizados en botellas de agua mineral).
2) Falta de higiene cuando compartes tu única botella con otras personas. Posibilidad de contagio por virus de resfriados, gripe, mononucleosis/enfermedad del beso, herpes labial o problemas estomacales. Hay personas que se ofenden si no les dejas beber directamente de tu botella o que te acusarán de desconfiado/a, la decisión de permitirlo o no es sólo tuya.
3) En situaciones delicadas aumenta la probabilidad de agotar el agua antes que si la repartes en más de un recipiente. Antonio Ulloa Reinoso, experimentado montañero y médico que imparte formación en emergencias relacionadas con el medio natural nos aclara: “Si estás acostumbrado a beber mucho, te resultará difícil dosificarte para aún tener agua hasta el final, justo cuando estás más fatigado. Tiene sentido disciplinarse para ingerir algo de líquido regularmente y antes de empezar la actividad hidratarse con uno o dos vasos de agua. Para controlar minuciosamente cuánto se bebe y cuánto queda aún en la mochila a menudo llevo 3 botellas de 0,5 litros cada una en vez de una grande”.
