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Sandalias técnicas: cuándo sí y cuándo no

Refrescantes compañeras cuando el termómetro se dispara, las sandalias han multiplicado su aceptación entre los amantes de la naturaleza. Aunque ofrecen claras ventajas respecto al calzado tradicional de montaña, no deben usarse en exceso.

Tino Núñez

2 minutos

Sandalias técnicas: cuándo sí y cuándo no

Si siempre te has resistido a comprar unas sandalias técnicas, este verano en el que se están batiendo records históricos de temperatura en España te ayudará a desterrar dudas sobre su utilidad.

PRINCIPALES VENTAJAS

1) Gran ventilación: por encima de los +30ºC el popular calzado de senderismo y trekking resulta caluroso, el pie se calienta y humedece, favoreciendo la aparición de ampollas, exceso de transpiración y mal olor en salidas de varios días seguidos. Las sandalias cuidan mejor los pies hinchados por el calor y reducen la sudoración.

2) Comodidad: todo el interior del sistema de sujeción suele ser bastante suave y flexible (abundan las microfibras de poliamida y el neopreno), debido al agradable tacto de los materiales utilizados y a la ausencia de partes rígidas. La pisada también resulta muy natural.

3) Secado más rápido que el calzado estándar.

4) Prácticas para viajes que combinen actividades turísticas, baño y momentos de descanso en montaña, ya sea en refugios, acampada en la naturaleza, campings o senderos llanos no pedregosos.

5) Abultan menos dentro de una mochila como calzado de emergencia que las zapatillas o bota y un par completo pesa entre 250 y 400 gramos menos.

6) A igualdad de calidad, son entre un 30 y un 50% más económicas que otras versiones de calzado. Su uso estival permite alargar la vida de nuestras zapatillas de montaña más caras y aprovecharlas también para nuestras jornadas diarias en ciudad.

 

EN ESTAS SITUACIONES NO SON RECOMENDABLES

Aunque se ve un número muy elevado de personas utilizando las sandalias sobre todo tipo de terrenos (y cosas tan inverosímiles cómo subir montañas con unas sandalias blandas de espuma tipo crocs) conviene limitar su uso:

1) Inadecuadas para terrenos técnicos, pedregosos, de alta montaña, laderas de hierba empinada, ascensiones a cimas, o tramos rocosos con alguna trepada. Podemos resbalarnos y caer inesperadamente.

2) Protección limitada de nuestro pie contra piedras en el camino (sobre todo si carecen de puntera envolvente), tropezones o vegetación pinchosa.

3) Pueden entrar ramitas, espigas, zarzas, guijarros, tierra, garrapatas e insectos que nos obliguen a pararnos continuamente para extraerlos.

4) No ofrecen estabilidad lateral de pisada en terrenos inclinados, lo que es un problema para tobillos poco fortalecidos o con alguna antigua lesión.

5) Agarre de la suela limitado en pendientes arenosas o embarradas (por ejemplo un sendero arcilloso que atraviese un prado de montaña), tanto por la a menudo limitada profundidad del relieve de la suela como por la composición de la misma. El poliuretano es más ligero y económico que el caucho, pero la adherencia es peor en seco y muy limitada en mojado.

6) Pasarás frío si baja la temperatura más de lo esperado o si te llueve en altura.

7) Atención a las personas con sobrepeso o si vas muy cargado con una mochila grande. Evita las sandalias porque no te brindaran la estabilidad ni amortiguación suficientes si el terreno es irregular o con fuertes desniveles.

 

NO OLVIDES QUE

… pese a una estética similar a la de las grandes marcas, las sandalias de bajo coste pueden provocarte rozaduras, caídas (por ejemplo si se arrancan las correas fijadas en la entresuela) o dejarte tirado/a en una caminata larga.

Si bien es posible conseguir en las rebajas de verano algunos chollos, las sandalias de calidad suelen empezar a partir de los 60 euros y subir hasta los 80, 100 e incluso 120 euros.

Los modelos con puntera reforzada y ventilaciones laterales parcialmente tapadas con rejilla son menos frescos pero más polivalentes. El sistema de sujeción es más preciso (sustituyen los velcros y por una cordonera elástica y con al menos 8 puntos de fijación/ajuste).