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Queridas capuchas... ¿Bendición o estorbo?

Sinónimo de tecnicidad, muchas prendas de montaña que antes no llevaban capucha ahora la incluyen por sus supuestas ventajas. ¿Son realmente beneficiosas o una nueva moda comercial?

Tino Núñez

2 minutos

Queridas capuchas... ¿Bendición o estorbo?

Parece mentira que un componente tan importante en la vestimenta como la capucha reciba más atención como elemento de moda que de protección real. Si, a veces nos dan un aspecto más profesional, otras semi urbano, relajado o casual, y evitan que se vuele continuamente nuestra gorra en una jornada ventosa pero ¿son siempre necesarias?

REQUISITOS PARA UNA BUENA CAPUCHA

1) Suficiente cubrición. Una capucha que te tape toda la frente, mejillas y cuello es imprescindible en una chaqueta impermeable, no tanto en una prenda de forro polar y casi innecesario en una camiseta térmica.

2) Ajuste sencillo. En el caso de una tercera capa es deseable doble ajuste por cordón elástico que la regule en horizontal (accionando cierre en nuca con una sola mano) y perimetral en rostro (tracción hacia abajo en ambos laterales). El cierre tiene que poder accionarse cómodamente incluso con guantes, algo que no ocurre con las tankas invisibles u ocultas bajo el tejido o las muy pequeñas.

3) Visera. Una protección horizontal extra de dos dedos impide que se nos moje el rostro cuando llueve ¿quién no se ha empapado la nariz alguna vez por culpa de una capucha raquítica y sin visera? Si el tejido es muy fino y no viene ligeramente armado con alambre moldeable o plástico rigidificador, la visera caerá sobre la frente cuando se humedezca demasiado.

 

4) Visibilidad. Las capuchas muy amplias permiten llevar un casco debajo, gorros gruesos u otras prendas térmicas con capucha, pero pueden ser peligrosas si por su excesivo volumen tapan parcialmente nuestra visión frontal o lateral pese a estar reguladas al mínimo. Lo ideal es que la capucha se mueva solidariamente con nuestra cabeza y que no oculte una parte importante de nuestro campo de visión.

5) Movilidad. Una vez totalmente cerrada tiene que dejar mover libremente la cabeza hacia ambos lados y hacia arriba, sin agobios en cuello o mentón.

6) Tecnicidad. Puede interesarte que sea elástica si es una primera capa o muy ergonómica si necesitas colocar un casco debajo (por ejemplo para alpinismo invernal o escalada en roca con mal tiempo).

CUÁNDO SÍ Y CUÁNDO NO

La única prenda en la que realmente resulta imprescindible la inclusión de una capucha es la tercera capa por razones tan obvias como la protección frente a lluvia, viento y nieve. Sin embargo, se muestra opcional en chaquetas térmicas de fibra o pluma --nadie puede negar el aislamiento que añaden cuando hace frío pero tampoco lo que tardan en secar cuando se mojan- y resultar desaconsejables en prendas tipo chaleco.

 

Con mal tiempo superponer 2 o 3 capuchas de diferentes prendas resta movilidad, visibilidad y audición, algo admisible en terrenos sencillos, durante una parada para descansar o durmiendo dentro del saco a bajas temperaturas pero peligroso caminando por terreno escarpado, trepando, escalando o montando en bicicleta durante trayectos empinados.

Una prenda tipo softshell o un plumifero si pueden o deben tener capucha, pero un forro polar estándar, una camiseta térmica invernal o un chaleco son más polivalentes sin capucha. Aunque es cierto solo ahorraremos un 15% de peso respecto a prendas con capucha y que quizá la echemos de menos en ciertos momentos, su versatilidad para combinar capas sin esa cubrición manda para la mayoría de las situaciones en montaña.