Muchas empresas se esfuerzan por reducir el impacto de sus productos en el medio ambiente, pero otras simplemente se apuntan a “modas verdes” para intentar vender más y sin importarles las consecuencias. ¿Qué cuatro costumbres menos ecológicas de lo que creemos están más arraigadas?
1) Bolsa de papel
Son mayoría las tiendas de material de montaña que entregan tu compra en una bolsa de papel. Casi todos creemos que es más respetuoso este gesto con el medio ambiente, pero desde 2011 se sabe que no es así. Fabricarlas requiere el cuádruple de energía que una de plástico y si es de papel reciclado aún peor: genera más contaminación y consumo de recursos valiosos (como el agua) que hacer una a partir de papel virgen.
Reciclar una bolsa de plástico es más respetuoso con el medio ambiente que crear una nueva de papel. Y la de plástico puede reutilizarse muchas más veces que la de papel. ¿Quiere decir eso que tenemos que preferir siempre una bolsa de plástico? No, por supuesto, lo que debemos intentar es evitar aceptar cualquier bolsa si podemos llevar nuestra compra en la mano. Y las encantadoras y “súper ecológicas” bolsas de tela de algodón son aún peores, deberías usarlas un mínimo de 200 a 1.000 veces para compensar el no haber elegido plástico, porque pese a ser muy reutilizables su producción resulta muchísimo más insostenible.
2) Mejor botella metálica
Como parte de la moda “eco” últimamente suele preferirse para llevar el agua de beber en montaña o ciudad las botellas de acero en vez de plástico. En realidad deberías usar la metálica durante 35 años seguidos para compensar el daño que hace al medio ambiente respecto a las de plástico. Es cierto que consumir agua mineral en botellas de un solo uso es insostenible y que el acero inoxidable no cede microplásticos ni partículas metálicas en cantidades preocupantes (deberías beber durante cientos de años de una botella metálica para que constituyese un problema). Un modelo de acero inoxidable cuidará más tu salud que las reutilizables en plástico de alta calidad, pero no mima más el medio ambiente; sería deseable que se desarrollaran nuevos materiales sin los inconvenientes de ambos.
3) La compra on line evita desplazamientos contaminantes del cliente
Básicamente se ha incrementado enormemente el volumen de compras a través de Internet respecto a la adquisición en tiendas físicas porque es más cómodo que te llevan el artículo a casa y puedes encontrar más ofertas. Sin embargo priorizar las compras electrónicas respecto a las tradicionales en un establecimiento incrementa enormemente las emisiones, contribuye a la desaparición del pequeño comercio, complica a menudo la elección del producto adecuado (no podemos verlo ni tocarlo o resolver in situ nuestras dudas) y destruye puestos de trabajo (las grandes plataformas sólo necesitan la quinta parte de empleados). También hay mayores posibilidades de estafas o de problemas con las reclamaciones.
En España se reparten anualmente 1.000 millones de cajas sobredimensionadas con productos comprados en Internet. Las emisiones que generan esos millones de vehículos circulando continuamente, colapsando ciudades y aumentando el riesgo de accidentes de tráfico es enorme, por desgracia aún está muy poco estudiado y la sensibilidad hacia esto nuevos problemas resulta casi inexistente.
4) El producto reciclado cuida el planeta
La gran mayoría de la vestimenta técnica de montaña fabricada con materiales reciclados conlleva mayores agresiones al medio ambiente que productos nuevos de proximidad. Un forro polar reciclado fabricado en Estados Unidos con botellas de plástico reaprovechadas y comprado en nuestro país es mucho más insostenible que una prenda nueva fabricada aquí o en países próximos. Se han detectado casos de prendas para uso urbano vendidas como recicladas y que en realidad se han fabricado con botellas sin usar de plástico (lo que implica un consumo energético muchísimo más alto que usar fibras plásticas nuevas).
Lo más recomendable es consumir menos, además de adquirir productos duraderos y reparables, que no suelen ser precisamente los de bajo coste, y utilizarlos el máximo tiempo posible, no renovándolos demasiado pronto por caprichos de moda o necesidad autoimpuesta de ir siempre con vestimenta casi nueva.
