Una expedición española acaba de regresar de Mauritania con un objetivo que va más allá del reto deportivo: contar, a través del cine documental, cómo se vive la diversidad sexual en distintas partes del mundo y por qué los derechos del colectivo LGTBIQA+ siguen siendo una cuestión de derechos humanos fundamentales. El proyecto está liderado por el escalador profesional valenciano Jaume Peiró (25) y el realizador audiovisual Jorge Saffie (44), quienes han rodado en pleno Desierto del Sáhara un documental que utiliza la escalada como hilo narrativo para abordar identidad, visibilidad y resistencia.
La película se construye alrededor de la ascensión a Ben Amera, el segundo monolito de roca más grande del mundo, una formación rocosa aislada en medio de la nada que funciona como metáfora visual del aislamiento, el riesgo y la conquista de espacios de libertad. El rodaje se ha desarrollado en un país donde la homosexualidad sigue penalizada por ley y donde las organizaciones internacionales sitúan a las personas LGTBIQA+ en una situación de extrema vulnerabilidad.
Pero el documental no se limita al contexto del continente africano. El proyecto establece también un diálogo con la realidad en España, un país considerado referente en derechos LGTBIQA+, pero donde crecen las alertas sobre discursos de odio, polarización social y posibles retrocesos en libertades conquistadas.
Para Jaume Peiró, el proyecto tiene además una dimensión personal. En 2018 hizo pública su relación con su entonces pareja, convirtiéndose en uno de los primeros referentes visibles de homosexualidad en la élite de la escalada, un entorno históricamente percibido como conservador y poco inclusivo. Desde entonces, combina su carrera deportiva con el activismo por la diversidad en el deporte.
La expedición ha estado marcada por la dureza del entorno. Una intensa tormenta de arena obligó al equipo a permanecer detenido durante cuatro días en el desierto, una pausa forzada que terminó incorporándose al relato cinematográfico como símbolo de la fragilidad humana frente a la naturaleza y de la necesidad de adaptación ante contextos adversos.
“Viajamos para vivir, pero volvemos para contar”, resume el equipo, que concibe el documental como una herramienta de sensibilización social y una invitación a repensar el papel del deporte como espacio de inclusión.
