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Primera ascensión femenina de la vía ‘Sudafricana’ a la Torre Central del Paine

Caro North, Amelie Kühne, Julia Cassou y Belén Prados firman una brillante ascensión en estilo cápsula a una de las rutas más legendarias de la escalada en Patagonia

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Primera ascensión femenina de la vía ‘Sudafricana’ a la Torre Central del Paine

En conjunto, fue una escalada extremadamente comprometida y exigente 

En la Patagonia chilena, donde el granito se levanta como una afirmación brutal frente al vacío y donde el clima generalmente dicta la ley, una cordada femenina internacional ha trazado una de esas historias que definen el auténtico alpinismo. No por el grado —7b+— ni por la longitud —1.200 metros—, sino por el estilo, la resistencia y el significado de su gesto: trece días en la pared, en estilo cápsula, sobre la mítica vía “Sudafricana” de la Torre Central del Paine.

 

El peso del tiempo en Patagonia

Caro North, Amelie Kühne, Julia Cassou y Belén Prados en el corazón de uno de los escenarios más exigentes del alpinismo moderno. La Torre Central del Paine no es solo una pared: es un sistema meteorológico en sí mismo, una máquina de desgaste.

“El ritmo estuvo marcado por el viento, la nieve, la lluvia…”, explicaba North tras la ascensión. No es una frase retórica: en Patagonia, escalar significa negociar constantemente con la incertidumbre. Las ventanas de buen tiempo son breves, caprichosas, y cada metro ganado se paga con horas de espera o con una retirada.

La cordada avanzó en estilo cápsula —fijando cuerdas y estableciendo campamentos— durante trece jornadas. Este dato, aparentemente técnico, es en realidad una declaración de intenciones: frente al “one push” rápido que hoy domina ciertos discursos de élite, aquí se reivindica el tiempo largo, la adaptación y la logística compleja como forma de resistencia.

 

Una vía con historia

La “Sudafricana” no es una línea cualquiera. Abierta en los años 70, recorre la cara este de la Torre Central del Paine y se ha consolidado como una de las grandes rutas de big wall en granito del planeta. Sus 1.200 metros combinan fisuras exigentes, largos sostenidos y secciones expuestas que requieren dominio técnico y cabeza fría.

En los últimos años, esta vía ha vuelto al foco mediático por ascensiones rápidas y en libre —como la de Tommy Caldwell y Siebe Vanhee en 24 horas— que reinterpretan su dificultad en clave de rendimiento.

Sin embargo, la ascensión de North, Kühne, Cassou y Prados se sitúa en otra tradición: la del compromiso prolongado, donde la pared se habita más que se domina.

 

El estilo como narrativa

Más allá de los nombres —todos ellos consolidados en la escena internacional—, el valor de esta actividad reside en su carácter colectivo: cuatro mujeres operando en igualdad de condiciones en una de las paredes más duras del mundo. Demostrando, además, que en los últimos años, la escalada femenina ha dejado de ser excepcional para convertirse en protagonista de aperturas, primeras ascensiones y repeticiones de alto nivel. 

 

Hay algo profundamente contemporáneo en esta ascensión. No busca el récord, ni la velocidad, ni siquiera la “primera” en términos absolutos. Busca, más bien, una forma de estar en la montaña.

El estilo cápsula, los trece días de convivencia vertical, la gestión del mal tiempo: todo ello construye un relato donde el éxito no es solo la cumbre, sino la capacidad de sostenerse en un entorno hostil sin romper el equilibrio del equipo.

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