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El alpinismo español ya tiene su primer Piolet d’Or. Bru Busom, Marc Toralles y Rubén Sanmartín han sido incluidos entre los ganadores de los Piolets d’Or 2026 por la apertura de L’essència del compromís en la vertiente este del Yerupajá (6.634 m), una de las grandes montañas de la cordillera Huayhuash, en los Andes peruanos.
La actividad, realizada en agosto de 2025, combina escalada en roca, hielo y terreno mixto en una ruta de enorme compromiso que permitió completar por primera vez la travesía integral de la montaña desde su vertiente oriental. La vía alcanza dificultades de 6c+, M6+ y 95º y se desarrolla a lo largo de unos 3.000 metros de terreno.
El reconocimiento tiene además un significado especial para el alpinismo nacional: es la primera actividad española que recibe un Piolet d’Or, considerado uno de los principales reconocimientos internacionales a la excelencia en el alpinismo.
Hasta ahora, alpinistas españoles habían recibido otros reconocimientos vinculados a estos premios. Jordi Corominas fue distinguido en 2024 por el conjunto de su trayectoria y Sílvia Vidal recibió en 2021 una mención especial femenina. Sin embargo, ninguna actividad española había obtenido hasta ahora el premio principal.
Una montaña, una línea y muy pocas opciones de retirada
El Yerupajá es la cumbre más alta de la cordillera Huayhuash y la segunda montaña independiente de mayor altitud de Perú. Aunque fue escalado por primera vez en 1950, sus dificultades técnicas, la complejidad del terreno y su aislamiento han convertido sus diferentes vertientes en un escenario reservado a un reducido número de cordadas.
El objetivo de Busom, Toralles y Sanmartín no consistía únicamente en alcanzar la cima. Su proyecto era mucho más ambicioso: abrir una nueva línea por el espolón y la arista este, continuar por la afilada arista hacia el Yerupajá Sur (6.480 m) y completar después el descenso por la vertiente sureste.
Antes de enfrentarse a la pared, los tres alpinistas realizaron una fase de aclimatación en la Cordillera Blanca. Ya en el campo base, situado a unos 4.900 metros, dedicaron tiempo a estudiar también el descenso. Ascendieron hasta aproximadamente 5.400 metros por el glaciar situado bajo la pared, extremadamente fracturado, y utilizaron incluso un dron para analizar las posibilidades de retirada y localizar los sectores más seguros.
La preparación resultó fundamental para una actividad en la que las posibilidades de improvisación eran mínimas.
Cinco días de escalada y compromiso
La parte superior del espolón y la arista este ya habían sido recorridas en 1968 por alpinistas austríacos. También existían antecedentes de escalada en algunos sectores de la pared inferior, pero nadie había conectado anteriormente esas líneas con la arista superior y la cumbre mediante una travesía integral.
Los tres españoles comenzaron a escalar por el sector izquierdo de la pared, buscando una trayectoria que progresaba hacia la derecha. Los primeros largos incluían dificultades de hasta 6c+, además de varios tramos de hielo y terreno mixto con dificultades de WI5 y M6+.
Superada esta sección, la escalada adquiría un carácter más predominantemente rocoso hasta alcanzar la arista este, donde realizaron su primer vivac.
A partir de ese punto comenzó la parte más comprometida de la ascensión. Durante casi tres jornadas tuvieron que avanzar por un terreno difícil de graduar y especialmente expuesto: glaciares colgantes, grandes setas de nieve, desplomes de hielo y nieve y una arista sometida a condiciones cambiantes.
La posibilidad de abandonar la ruta se reducía a medida que ganaban altura. De hecho, al alcanzar la arista superior comprobaron que las ocho estacas de nieve que llevaban no serían suficientes para permitir un descenso mediante rápeles por el terreno ya recorrido. La consecuencia era evidente: la retirada por la misma vía dejaba de ser una opción realista y la única salida pasaba por seguir avanzando hacia la cumbre.
La travesía hasta el Yerupajá Sur
En el quinto día de actividad llegó uno de los momentos clave. La cordada recorrió los aproximadamente 600 metros de arista que separan el Yerupajá de su cumbre sur, un filo estrecho y cubierto por grandes formaciones de nieve.
Alrededor del mediodía alcanzaron el Yerupajá Sur, a 6.480 metros. Desde allí iniciaron el descenso por la cara sureste, utilizando anclajes naturales, reuniones tipo Abalakov y estacas de nieve para superar mediante rápeles cerca de 1.000 metros de terreno, con una inclinación media cercana a los 65 grados.
La estrategia de descenso que habían estudiado previamente permitió alcanzar finalmente el glaciar situado bajo la pared y regresar al campo base ese mismo día.
Con ello quedaba completada la primera travesía integral del Yerupajá desde el este, combinando la apertura de una nueva línea con el recorrido de la arista y el descenso por una vertiente diferente.
El jurado destaca el compromiso y el estilo
El jurado de los Piolets d’Or ha destacado especialmente la capacidad de la cordada para desarrollar alpinismo de exploración y alto compromiso fuera de las grandes cordilleras del Himalaya, demostrando que los Andes continúan ofreciendo objetivos de primer nivel para el alpinismo moderno.
La actividad fue valorada tanto por la dificultad técnica como por el grado de compromiso asumido. Una vez alcanzada la arista superior, las posibilidades de retirada eran extremadamente limitadas y, dada la remota localización de la montaña, tampoco existían opciones reales de recibir ayuda externa en caso de accidente.
A ello se suma el estilo empleado por los tres alpinistas y, especialmente, el trabajo previo de reconocimiento y planificación, que permitió afrontar una ruta compleja minimizando las incertidumbres.
El Piolet d’Or reconoce así una actividad que reúne algunos de los elementos que definen el alpinismo de alto nivel: una montaña remota, una línea nueva, dificultad técnica, compromiso, autonomía y una estrategia cuidadosamente preparada.
Para Bru Busom, Marc Toralles y Rubén Sanmartín, el premio supone además entrar en la historia del alpinismo español como protagonistas de su primer Piolet d’Or.
