John Roskelley y la sombra de una gran montaña

La leyenda del alpinismo americano reconstruye la desaparición de su hijo en el Howse Peak y nos concede una entrevista durante el Festival de Montaña de Lądek
Jorge Jiménez Ríos
John Roskelley y la sombra de una gran montaña
John Roskelley junto a su hijo Jess. / Fotos: Col. John Roskelley

Mil personas aguardan envueltas por los murmullos en la gran carpa del Festival de Montaña de Lądek. Está a punto de inaugurarse este longevo encuentro polaco, que concentra a la plana mayor del alpinismo mundial. El encargado de ofrecer la primera charla será John Roskelley (71), que sube al escenario decidido, portando un puñado de documentos. Está a punto de reconstruir, a través de las fotografías recogidas en el Howse Peak, el accidente que se llevó la vida de su hijo Jess cuando escalaba junto a David Lama y Hansjörg Auer. John no está dispuesto a que su memoria sea devorada por las Rocosas Canadienses. Llegó a viajar en cuatro ocasiones al Howse Peak en busca de las pertenencias de la cordada perdida, en parte para resolver el rompecabezas que supuso la desaparición de tres de los más importantes alpinistas del nuevo siglo. La verdad no debía ser presa de las tormentas.

John Roskelley fue uno de los escaladores más relevantes de su época. Una máquina de sangre caliente, audaz y resistente, capaz de acumular un alto número de brillantísimas ascensiones en el lapso de una década. En 1976 participaba en la trágica ascensión americana del Nanda Devi, escalando por completo su terrible vertiente Este antes del fallecimiento de la hija de Willie Unsoeld, bautizada igual que la montaña. La historia sobre la muerte de Nanda Devi Unsoeld y la serie de desdichas que se sucedieron durante el descenso cuenta mucho sobre la fortaleza moral y el caracter indómito de Roskelley. Al año sigiuente, John compartía cuerda con Galen Rowell, Kim Schmitz, James Morrisey y Dennis Hennek para firmar la primera ascensión de la Gran Torre del Trango, ese colmillo inevitable que se levanta 6.286 metros en el Karakorum. Escaló el K2 por la rara arista Norte, sin oxígeno, y antes de la irrupción de los años 80 también se apuntaba la primera ascensión histórica del Gaurishankar (7.134 m).

John Roskelley y la sombra de una gran montaña

John Roskelley en el Campo 3 del Melungtse, en 1990.

En los años sigiuentes, además de inaugurar un par de seismiles en el Himalaya en célebre compañía como la de Jeff Lowe o Galen Rowell, se interesó en el espinoso camino de la defensa de los espacios naturales, labor que continuó en los estamentos políticos del estado de Washington. El 21 de mayo de 2003, junto a su hijo, escalaba el Everest, una cumbre que se le había resistido en tres ocasiones. Jess Roskelley se convertía en el americano más joven que había ascendido al Techo del Mundo hasta la fecha.

Padre e hijo conocían bien los caprichos del alpinismo, su capacidad de ofrecer una paz mística o de exigir el más severo tributo. Cuando encontrarón la cámara de Auer y recuperaron las imágenes de la Go-Pro de David Lama en el Howse Peak, John Roskelley comenzó a reproducir las últimas horas de su hijo. Gracias a la señal GPS grabada por el teléfono móvil de Jess, supieron casi minuto a minuto el trazado que utilizaron para coronar la montaña. Partían antes de las 6:00 de la mañana del 16 de abril, a un ritmo endiablado, impuesto por la fortaleza de David Lama, y encaraban la M16, una compleja ruta establecida en 1999. A las 7:00 de la mañana, Auer afronta un técnico largo de hielo batido por unas tímidas avalanchas. Lama toma fotos de un impresionante amanecer. Ante las condiciones inestables de la M16, los tres alpinistas inician una variante no explorada, enfrentándose sin cuerda a una gran travesía hacia la izquierda, ya soñada con anterioridad por Steve House. David continúa liderando tiradas duras y técnicas, por hielo o por nieve profunda, hasta que pasadas las 9:55 deciden encaminarse a la ruta Life by the drop, inaugurada por Dave Edgar y Dave Marra en el 99. A las 12:44 alcanzan la cima.

John Roskelley y la sombra de una gran montaña

Rutas en el Howse Peak, de izquierda a derecha: Azul - Life by the drop (Edgar-Marra, 1999); Roja – Auer-Lama-Roskelley variante de la M-16 (2019); Amarillo – M16 (Backes-Blanchard-House, 1999); Morado – Howse of Cards (Gadd-Mahoney-Semple, 2002); Verde – Northeast Buttress (Baker-Mackay-Vockeroth, 1967).

La primera ascensión a la M16 duró tres jornadas y fue a manos de un equipo absolutamente implacable: Barry Blanchard, Steve House y Scott Backes. En la primavera de 2019, Lama, Auer y Roskelley escalaron la montaña en menos de 7 horas. Habían superado más de 1.300 metros, a velocidad de meteoros, por una pared comprometida, de esas que moldean a los verdaderos alpinistas, y abriendo parte de la ruta. Tras veinte minutos en la cima, comienzan en descenso. Auer toma una última foto de David Lama iniciando un rápel. Son las 13:27.

En la base de la pared, unos minutos antes de las 14:00, el escalador Quentin Roberts fotografía una enorme avalancha provocada por la rotura de una cornisa. Quizá sin saberlo ha sido testigo del desgarro de toda una generación alpina.

“Amaban la vida y amaban la aventura”. Cuando John Concluye su exposición, los presentes en Lądek se ponen en pie y ofrecen una cálida ovación. Durante los siguientes días, la imagen de Lama, Auer y Roskelley gravita por el festival, se suceden los tributos y hasta de los abismos brotan algunas luces. Roskelley, con un omnipresente abrigo rojo, se pasea entre la gente, cruzándose con amigos y admiradores... y todavía le sobra moral para conceder algunas entrevistas.

¿Cuánto ha cambiado el alpinismo desde aquella edad de la libertad que fueron los años 70?

Creo que lo más evidente es que eramos muy pocas expediciones en el Himalaya. Íbamos a lugares remotos, sin tecnología. ¡Hasta en Katmandú era difícil conseguir un teléfono! Había mucha soledad, mucha aventura. Estabas por tu cuenta.

¿Era más fácil ser un gran alpinista antes que ahora?

La verdad es que tuvimos muchos proyectos estéticos que ahora son imposibles, teníamos muchísimas posibilidades. Pero alpinistas como hijo también han demostrado una enorme creatividad; encontrando grandes ideas, grandes rutas. La tecnología puede ayudar a ello, yo mismo me he topado con muchas buenas paredes a través de Google Earth. Todavía quedan muchísimas cosas por hacer.

¿Te duele ver imágenes como la del Everest esta primavera?

Lo que es seguro es que los gobiernos de Nepal y China deberían hacer mayores esfuerzos para limitar las ascensiones en estas montañas. Pero no debemos olvidar que hay muchísimos sitios a los que ir en los Himalayas, si lo que buscas es exploración y soledad. Hay infinidad de seismiles y sietemiles, o puedes acercarte a los ochomiles buscando rutas diferentes, incluso escoger vertientes que te mantengan al margen de esa masificación.

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Jess y John Roskelley.

Llegaste a la cima del Everest con Jess, y se convirtió en el americano más joven en lograrlo. ¿Qué supuso para vosotros?

¡La verdad es que no sabíamos que era el más joven hasta que nos lo comentaron en los campos superiores, camino de la cumbre! Para mi hijo fue algo muy emocional y para mí fue un gran orgullo. También fue un gran impulso para nuestra relación. Estar en una cima así con alguien que amas es algo muy diferente a cualquier otra ascensión, es un juego distinto.

¿Qué fue lo que te llevó a las montañas?

Cuando era muy joven leí "Annarpuna, primer ochomil" y "Conqusitadores de lo inútil". Mi padre era editor y siempre traía nuevos ejemplares a casa. Esas dos lecturas cambiaron mi vida. Todavía no era ni un adolescente, pero en seguida me apunté a mi primer curso básico de alpinismo.

Me declaro admirador de Galen Rowell. ¿Cómo eran las expediciones con él?

Galen empezó como mecánico de coches y se metió en la fotografía inspirado por Ansel Adams, y básicamente porque nadie más lo hacía. Era un gran tipo. Le conocí en los años 70 y en seguida fuimos a las Torres del Trango y a algunas otras expediciones, pero sobre todo recuerdo cuando le visitaba en su casa. Solíamos salir a correr por la montaña. Era muy fuerte, muy talentoso y muy divertido. Todo lo que aprendí de fotografía me lo enseñó él; pero no sólo cosas como la luz, la película o las reglas, sino a cómo mirar cada paisaje y cada momento.

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También escalaste el K2 en un estilo impecable. ¿Es posible escalarlo en invierno?

Sí, seguro que se logrará, aunque todo depende de la meteorología y del frío. Los polacos ya han escalado cimas muy frías en el pasado. El Denali, por ejemplo, es una de las montañas más frías del planeta y se ha podido escalar en invierno...

Tenzing Norgay dijo que el Nanda Devi había sido su montaña más difícil. ¿Sientes algo parecido?

Sin duda es una montaña que puede ser realmente difícil. Nosotros hicimos una ruta mucho más dura en la cara Norte, durante el monzón, lo que era una estupidez. Pero nuestros dos líderes era profesores y ese era el único momento del año en el que podían viajar. Así que lo que hicimos fue muy peligroso. ¡Realmente no se cómo diablos lo conseguimos! Había muchísima nieve... Ahora, la montaña ha cambiado y tiene muchas más secciones de roca que escalar.

El calentamiento global está afectando a muchas montañas y glaciares. ¿Cómo ves nuestro futuro?

Es difícil ser optimista cuando tienes a Trump como presidente. El peor presidente que hemos tenido nunca en cuanto a protección ambiental. Aunque quiero creer que se dará un cambio de conciencia que nos llevará a cuidar el medio ambiente y la vida salvaje. No tengo mucha esperanza en la humanidad, pero creo que los jóvenes pueden cambiar la mentalidad de las generaciones anteriores. Deben hacerlo, y rápidamente.

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Jess Roskelley, Hansjörg Auer y David Lama en la cima del Howse Peak, el 16 de abril de 2019.

Las montañas se vuelven más peligrosas. También en tus viajes al Howse Peak la situación era muy comprometida. ¿Aquellos cuatro viajes fueron tu forma de honrarles?

Quería saber que había sucedido realmente, quería saber la verdad. Jess era un escalador muy fiable, muy seguro, igual que Auer y Lama. Tenía curiosidad por saber que ruta habían hecho. Fue un trabajo muy emocional, sobre todo cuando iba encontrando nuevas pistas. Pero me sentí bien al poder hacerlo, al recuperar sus cosas y enviarlas a sus familias. Es una forma de cerrar un ciclo... Aunque es algo que nunca se supera, lo único que puedes hacer es tragártelo y vivir con ello. Cuando pierdes a alguien querido todo es diferente. He pasado mucho tiempo en las montañas, he perdido amigos y siempre ha sido algo terrible, pero no me afectaba a diario como en este caso. Es un dolor que llevas contigo en todo momento.

¿Miras a las montañas de una forma diferente ahora?

No, no culpo a la montaña por lo sucedido. Eran tres jóvenes haciendo exactamente lo que querían hacer. Cada vez que Jess salía de casa para ir a alguna expedición, todos teníamos claro que podía no volver. Más todavía en montañas como el Howse Peak, donde todo puede cambiar tan rápidamente.

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