Pura vida… ¡y acción!

Costa Rica en 5 actos
Pura vida… ¡y acción!
FOTOS: Coke Riera

Costa Rica da para una película. Incluso para una serie de documentales: de naturaleza, de animales, de deportes… Os proponemos ser los protagonistas de un viaje que recorre el país a través de cinco actividades de aventura bien distintas, reflejo de las variadas posibilidades del país tico para oxigenarse en una naturaleza XXL. Costa Rica: pura vida… ¡y acción!

1- Kayak de mar

“La tierra ama nuestras pisadas, y teme nuestras manos”, leemos en un cartel de la carretera que cruza el puente sobre el río Tarcoles, un auténtico santuario del cocodrilo americano, del que dan buena fe una quincena de enormes ejemplares en sus aguas. Pescadores solitarios ofrecen sus capturas del día en los arcenes de la carretera que nos lleva a Playa Agujas, en el cantón de Garabito, cuyo nombre proviene del indígena de etnia huetar que fue monarca de su pueblo en esta zona. En las proximidades de playa Jacó vemos un gigantesco guanacaste –el árbol nacional del país- en el que reposan varias lapas rojas: guacamayos que sirven de reclamo para numerosos turistas de todo el mundo. “Hoy quedan entre 250 y 300 parejas de ellos, gracias a que se ha reducido su tráfico ilegal por los numerosos controles policiales”, nos comenta nuestro guía Paulo. Un desconocido nos ofrece trozos de guaba en la orilla de la playa, lo que me hace darme cuenta de que todavía no me he acostumbrado a la amabilidad de la gente del país. Estamos en el Pacífico Central de Costa Rica, donde opera la agencia Kayak Jacó, especializada en actividades de mar como stand up paddle o kayak de mar. En la arena de la playa reposan varias canoas hawaianas, uno de los signos de identidad de la agencia, que oferta excursiones en grupo en las traineras con posibilidad de combinarlo con snorkeling.

Pura vida… ¡y acción!

Kayak de mar

CON QUIÉN: kayakjaco.com

DÓNDE DORMIR Hotel boutique Cristal Ballena, con 19 habitaciones, una espectacular piscina, spa y posibilidad de actividades por la zona. El dueño, de origen austriaco, tuvo una revelación al ascender la colina sobre cuya falda se sitúa el hotel, y sentir la brisa que subía desde el océano Pacífico. En los bosques que asedian al hotel, es posible escuchar y ver hasta 160 especies distintas de aves. cristal-ballena.com

2- Tour de delfines

Nos despertamos con los enigmáticos sonidos de la jungla: aves, insectos, monos y otros animales que no identificaría ni con una guía delante. Ya en el pueblo de Uvita, nos sorprende la cantidad de negocios de observación de animales, buceo, surf, kayak o incluso parapente. Escogemos Dolphin Tour, en cuyas instalaciones en tierra nos recibe Pedro Rojas, nacido hace 50 años en la reserva Boruca y los siete últimos trabajando como guía. Ya en la embarcación, progresamos junto a la formación de arena con forma de cola de ballena, que se muestra –por las mareas- cada seis horas. Desde el bote admiramos el abrumador vergel que inunda las colinas y montañas que recorren la costa, mientras una pareja de pelícanos nos sobrevuela bajo nubes tropicales que amenazan constantemente una tormenta que nunca llega.

La gente tiene una idea romántica del océano, pero es complicado, ¡es tedioso!

“Es una zona muy segura, no hay fuertes oleajes ni corrientes, por eso tantas familias de ballenas vienen aquí”, nos dice Pedro, “pero esto no es un museo, en una hora se mueve todo. Además yo no controlo las corrientes”. Estas aguas son famosas para la observación de delfines, ballenas, tortugas de arrecife… Aprovechamos las condiciones para darnos un baño de snorkeling, y al primer descuido nos vemos rodeados de peces de todos los tamaños y colores, anguilas y estrellas de mar. Pedro se coloca en la proa como un vigía oteando el horizonte. “La gente tiene una idea romántica del océano, pero es complicado, ¡es tedioso!”. Es como una cacería, hay que ser pacientes, acostumbrarse a mirar el mar con detenimiento en busca de movimientos. “A veces te encuentras de todo en una hora. Otras veces tardas mucho más… pero siempre ves delfines. Siempre.” Dicho y hecho: de repente aparece un grupo de delfines que parece jugar con nosotros. Aparecen y desaparecen en breves intervalos de tiempo, parecen jugar con nosotros. “Es un grupo joven, no se dejan ver con facilidad”: son delfines pintados, en los que no distinguimos sus características manchas por su edad. Más tarde, también veremos grupos de piqueros morenos, las aves más comunes en la costa del Pacífico de Costa Rica. Llegamos a Isla Ballena, de la que erupciona un chorro cuando el mar golpea sus rocas basálticas de líneas verticales. Hay grandes colonias de aves y una palmera solitaria. Un ostrero americano, también conocido como pilpilén, parece saludarnos al pasar volando junto a nosotros. Nos acercamos a la isla tratando de ver lo que nos ha parecido una tortuga carey, una especie en peligro de extinción, “y muy difícil de ver”, nos dice Pedro. “Muchas veces nos olvidamos de lo bonita que es nuestra tierra, y los turistas nos ayudáis a recordarlo cuando lo decís”.

Pura vida… ¡y acción!

Pedro Rojas, guía de Dolphin Tour

CON QUIÉN: dolphintourcostarica.com

3- Rafting en el paraíso

Una intensa lluvia tropical golpea nuestras caras mientras paleamos vehementemente. Estamos en el río Pacuare, subidos en unos rafts que nos conducen corriente abajo rodeados de una naturaleza sobrecogedora. Coloridos tucanes nos sobrevuelan y enigmáticos monos aúllan desde las profundas densidades de la selva, sobreponiéndose al poderoso sonido del río que nos anuncia cada rápido venidero. “Es la experiencia más pura vida de mi vida”, me dice mi compañero de viaje con una enorme sonrisa en su cara. Nuestro guía Octavio, indígena cabecar, nos señala orgulloso que estamos en su territorio. Conoce el río como la palma de su mano, así como las colinas y montañas que incluyen propiedades privadas y reservas indígenas. Tras seis kilómetros de descenso, llegamos al lodge de Ríos Tropicales, un conjunto de cabañas y construcciones de madera al borde del río y camufladas entre penetrante vegetación. Un vergel de aire puro perfecto para una desconexión total, sobre todo si se contrata la opción de tres o más días, que permite tanto realizar alguna actividad complementaria –como caminatas o paseos a caballo - como sencillamente disfrutar de una jornada de descanso en un paraíso natural.

Es la experiencia más pura vida de mi vida

Aprovechamos el día para conversar con los guías y clientes, bañarnos en el río, excitarnos en el espectacular canopy que recorre el lodge, así como contemplar los distintos matices que adquiere el paisaje según cambia la luz a lo largo de la jornada, o incluso otearlo en busca de insectos, aves, mamíferos o reptiles… Durante la noche el constante sonido del río y de la lluvia mece nuestros sueños. Nos despertamos entre neblinas que dan al río un toque místico, y desayunamos un buen gallo pinto antes de lanzarnos de nuevo a la aventura del río: hoy –a pesar del poco caudal- nos esperan fuertes emociones con forma de rápidos de hasta clase IV. Unas garzas parecen vigilarnos desde unas rocas mientras descendemos acompasados por las reglas de la corriente y las órdenes del guía, que procura maniobrar entre las numerosas rocas al descubierto. Alternamos la tensión de los rápidos con la relajación de los baños en zonas tranquilas del río. Cascadas y poblados indígenas. Lluvia y mariposas. Naturaleza XXL. Pura vida en estado puro.

Pura vida… ¡y acción!

Rafting en el Pacuare

CON QUIÉN: riostropicales.com

4- Montañas, aves y cascadas

De dormir con el aire acondicionado a hacerlo con una bolsa de agua caliente en la cama sólo hay cien kilómetros y –eso sí- tres mil metros de diferencia. Según ascendemos por la carretera nuestros ojos aprecian cambios en la vegetación: más frondosa, profunda y oscura. Un halcón tijereta nos sobrevuela mientras observamos las neblinas jugar entre crestas y quebradas. Las nubes, enormes y blancas, nos impiden ver la cima del Chirripó, el techo de Costa Rica con 3.820 metros. Estamos camino del Cerro de la Muerte, a más de tres mil metros, desde cuyo punto más elevado, en un día despejado, se puede ver el Pacífico. Por la carretera se ven señales de tráfico pidiendo precaución por los animales en libertad, la más exótica con la silueta de un tapir dibujada. Nos desviamos hacia el valle de San Gerardo de Dota, surcado por el río Savegre, entre densos bosques nubosos, robles cubiertos de musgo y plantas tropicales. Se dice de este valle que es la cuna del quetzal -el ave adorado por los aztecas, del que se dice es la más bonita del mundo- por lo fácil que resulta verlos aquí, y motivo por el que pajareros de todo el mundo acuden. “Sobre todo turistas interesados en un contacto directo con la naturaleza: observación de aves, tours a caballo, caminatas…”, nos dice Rolando Chacón, gerente del Hotel Savegre: “antes era una zona ganadera, y ahora es un destino turístico de primer orden. Lo bueno es que todos los hoteles hemos comprendido y asimilado la cultura de sostenibilidad”.

Se dice de este valle que es la cuna del quetzal, el ave adorado por los aztecas

El valle está surcado por varios senderos de distinta dificultad, que facilitan la comunión con una prístina naturaleza de ambiente místico. De entre todos, es irrenunciable el que lleva hasta la cascada de San Gerardo, un kilómetro y medio de caminata por un sendero que atraviesa puentes, escaleras y pasos delicados asegurados por cuerdas, en un escenario selvático de palmeras, lianas y troncos asediados por vegetación y musgos. Una delicia. Y para los que os emocionen los riesgos en bicicleta, hay un sendero que desciende desde el mismo Cerro de la Muerte hasta la costa: ¡tres mil metros de desnivel!

Pura vida… ¡y acción!

Pura vida… ¡y acción!

DÓNDE DORMIR A 2.200 metros y rodeado de vegetación por los cuatro costados, el Trogon Lodge es un oasis de relax en un valle que invita a la contemplación. Tiene 24 habitaciones divididas en doce cabañas de madera con todas las comodidades, además de varios itinerarios de senderismo privados, así como un divertido circuito de canopy. trogonlodge.com

5- En territorio Bri Bri

"Para los bri brís, no hay fronteras”, nos dice Ronaldo, el joven guía del cayuco que nos remonta el río Yorkin hacia las profundidades de la selva, y que hace de frontera entre Costa Rica y Panamá. Estamos en territorio indígena, de camino a la comunidad de Yorkin, para compartir una jornada en una comunidad bri bri que desde hace años trabaja en un proyecto de turismo con el fin de atraer visitantes en el marco de un respeto hacia la naturaleza y a las culturas. Hace más de una década nació en la comunidad de Yorkin el grupo de Mujeres Estibrawpa, quienes con el apoyo de diversas organizaciones se organizaron para ofrecer hospedaje, alimentación y excursiones en la zona. Hoy es posible convivir con ellos y conocer su sistema de vida, sus costumbres, leyendas y su visión del mundo.

Remontamos en cayuco el río Yorkin hacia las profundidades de la selva, que hace de frontera entre Costa Rica y Panamá

Los artesanos de la comunidad nos muestran cómo elaboran piezas con los materiales que extraen de la selva; antes de disfrutar de una sabrosa comida al estilo indígena cocinada en fuego de leña con alimentos que proceden de sus cultivos. Además nos enseñan los secretos para hacer chocolate, proceso en el que participamos activamente hasta lograr elaborar un delicioso choco-banano. Un orgulloso joven nos enseña a tirar con el arco, y unas mujeres nos explican las propiedades curativas de algunas plantas que crecen en los alrededores del poblado. En unas pozas cercanas, un grupo de niños juega alegremente mientras otros pescan. Desde aquí se pueden visitar otras comunidades o conocer el Cerro Buena Vista, a una hora de la comunidad, con su impresionante panorámica de la cordillera de Talamanca y sus grandes bosques primarios. Una experiencia que recordarás siempre por la serenidad y armonía que transmite su gente en un aire completamente puro.

Pura vida… ¡y acción!

Remontando el río Yorkin

CON QUIÉN: aventuras-yorkin.co.cr

DÓNDE DORMIR El Namuwoki Lodge cuenta con un total de catorce bungalows (con capacidades entre una y siete personas), diseminados en un edén de plantas y vegetación, a tiro de piedra del mar, y con central de reservas de numerosas actividades en la zona: cabalgatas, snorkeling, canopy… A destacar su restaurante y su modesta pero coqueta piscina. namuwokilodge.com

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