Cómo Apa Sherpa está ayudando a los niños de Nepal

Una labor imprescindible para el acceso a la educación del pueblo sherpa
Oxigeno -
Cómo Apa Sherpa está ayudando a los niños de Nepal
Como Apa Sherpa está ayudando a los niños de Nepal

Sólo una persona ha pisado la cima del Everest más veces que él. Apa Sherpa ha mirado el mundo desde los 8.848 metros en 21 ocasiones. Ahora, ya retirado, trabaja para que nadie se sienta obligado a seguir sus pasos.

Cuando era niño, Apa Sherpa soñaba con ser médico, pero la falta de recursos de su familia y el díficil acceso a la educación le obligaron a seguir un camino mucho más peligroso: trabajar como guía de montaña en el Everest, cargando el material y equipando la ruta para los alpinistas occidentales que deseaban escalar el gran icono del alpinismo. Ahora, jubilado y viviendo el otoño de su vida en los Estados Unidos, Apa regresa cada año a los Himalayas para proveer de asistencia financiera a las escuelas de pequeñas aldeas para que los jóvenes miembros de la etnia sherpa entiendan que tienen más opciones en la vida.

"Los sherpas han tomado grandes riesgos en las montañas para ganarse la vida, para ayudar a sus familias, ya que no tenían acceso a otras profesiones", explica Apa, de 59 años. "Mi principal objetivo es asegurarme de que los niños tengan un futuro que no pase necesariamente por escalar grandes montañas, como nos sucedió a nosotros".

Las tribus sherpas eran pastores de yaks y comerciantes principalmente antes de que Nepal abriera sus fronteras a los extranjeros allá por la década de los 50. Cuando los aventureros y exploradores llegaron para conquistar los ochomiles, los sherpas comenzaron a ser contratados masivamente como porteadores y guías. Hasta hoy, son parte indispensable de la logística necesaria para la mayoría de expediciones, generando cerca de 300 millones de dólares en ingresos para las comunidades locales. A pesar de ello, se estima que 350.000 sherpas permanecen en estado de marginalidad, sobre todo en las regiones remotas de las montañas, donde el acceso a la educación superior es prácticamente inexistente. La Fundación Apa Sherpa, inaugurada en 2012, trabaja por revertir esta situación, pagando salarios a profesores en varias aldeas, asegurando que las escuelas permanezcan abiertas y cooperando para que sus habitantes dispongan de comida caliente, ordenadores, libros, ropa y motivando a los más pequeños para que acudan a clase. "Mucha gente se está dando cuenta de que lo más importante para el futuro es el total acceso a la educación", continua Apa. "Pero muchas escuelas atraviesan dificultades que tratamos de solucionar".

Como Apa Sherpa está ayudando a los niños de Nepal

Cuando Apa Sherpa era pequeño y acudía a la escuela de Thame, su pueblo natal, sólo se ofrecía educación primaria, por lo que tuvo que continuar sus clases en otra aldea, caminando cada día hasta seis horas para incorporarse a las clases. Tuvo que dejarlo cuando su padre murió, haciéndose cargo de la responsabilidad de alimentar a su familia. A los 12 años ya trabajaba con las expediciones alpinas. A los 30 ascendía el Everest por primera vez. Su destino quedaba sellado, convirtiéndose con el tiempo en uno de los más grandes guías del Himalaya y ganándose el apodo de "Súper Sherpa". Al retirarse en 2011 había ascendido el Everest en 21 ocasiones. "Todo el mundo decía que 21 era un buen número", comentaba antes de jubilarse, cumpliendo una vieja promesa hecha a su esposa.

Los sherpas siguen siendo los primeros que alcanzan la cima del Everest cada temporada de primavera. Son los primeros en llegar y los últimos en irse. Se ocupan de instalar los campos de altura, abrir la ruta, fijar las cuerdas y cocinar la comida de los expedicionarios. Los guías más experimentados, capaces de alcanzar la cima, pueden llegar a ganar unos 10.000 dólares, mientras que los porteadores y cocineros tiene un sueldo de entre 3.000 y 5.000 dólares en total durante los tres meses de trabajo que ofrece la primavera: una buena cantidad comparada con la renta media de Nepal, cercana a los 1.000 dólares al año. Pero quienes acuden a la montaña también son los que más se juegan el pellejo por ambiciones ajenas. En 2014, dieciséis sherpas perecían en una avalancha durante las labores en el Everest. Al año siguiente, otros diez desaparecían en el campo base del Everest durante el gran terremoto de Nepal.

Tras el desastre de 2014, la mayoría de sherpas se negaban a seguir trabajando, obligando a su gobierno a introducir nuevas reglas y a incrementar los pagos por seguros así como a mejorar las operaciones de rescate para los sherpas. El propio Apa ha perdido a muchos amigos en la montaña, ha sobrevivido de milagro a tormentas, congelaciones o a la negligencia de muchos montañeros extranjeros. Si se les diese otra opción, explica sherpa, muchos de los sherpas nunca realizarían estos trabajos.

Durante las últimas semanas, miembros de su fundación han recorrido los caminos de Nepal con provisiones para seis escuelas y varios monasterios. Como budistas, los sherpas envían a muchos de sus hijos a estudiar y vivir en estos monasterios remotos, una tradición que también ayuda a los padres a poder mantener al resto de su familia, liberándose de cargas en el hogar. Además del trabajo con los más pequeños, gran parte de la labor de la Fundación Apa Sherpa es asegurar la contratacion de profesores. De los ocho educadores que la aldea de Thame necesita, tres de ellos corren a cargo de la fundación. "Es realmente difícil encontrar profesores cualificados que quieran trasladarse a estas aldeas lejanas y nosotros no disponemos de los fondos necesarios para pagar todos sus salarios", explica Khagendra Shrestha, director de las labores educativas en el distrito al que pertenece Thame.

La fundación de Apa logra sus fondos de las donaciones, charlas y proyecciones que consigue llevar a cabo. El pasado año conseguían recaudar 80.000 dólares. La fama de Apa Sherpa también ha ayudado a conseguir patrocinios como los de la marca outdoor Thule. "La visión de Apa y su labor con la educación de los niños es imprescindible para la evolución de estas regiones", afirma Valerie Littleton, trabajadora de la fundación. "Ha volcado toda su pasión en devolver el amor que Nepal le ha demostrado siempre".

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