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Acierta con los forros para el invierno

15 diciembre 2016 | Tino Nuñez

Venga, reconozcámoslo: nuestro bonito forro negro recién estrenado nos hace algo más irresistibles ante un espejo o ante los demás, pero cuando hace frío de verdad… ¡arrggg! Regresa a lo auténtico pero con un toque de modernidad y te sentirás más a gusto, caliente y protegido con alguno de los polares específicos para invierno.

En estos últimos treinta años he probado más de un centenar de modelos diferentes de forro polar y vendido muchos más en dos establecimientos especializados en los que trabajé, y mi sensación siempre ha sido la misma: ¡casi todos abrigan menos de lo que creemos! Para no llevarte el disgusto cuando este invierno te encuentres bajo cero con una prenda muy técnica pero fría, anticípate echándole un vistazo a la siguiente información.

Por qué no abundan
Tengo un amigo arquitecto que dice que cada época tiene sus materiales, los mayormente aceptados y que no forzosamente los nuevos son mejores que los antiguos. Con la forma en la que nos vestimos contra el frío pasa lo mismo. Entre 1980 y el año 2000 buena parte del aislamiento térmico la obteníamos mediante el forro polar grueso, que en estos últimos años se ha visto desplazado por plumíferos, Primalofts y softshells a menudo bastante finos, más destinados a temperaturas moderadas y actividades más aeróbicas.

Entre las ventajas de los forros “gorditos”, destacan:
Su longevidad: superior a cualquier prenda térmica que incluya un exterior de nailon fino. Y pierden menos capacidad aislante al ser comprimidos por una mochila.

No tenemos que preocuparnos tanto porque tenga contacto con una zona abrasiva o haya que meterlo en una lavadora.

Permite ir con menor número de capas para afrontar el frío, lo que mejora la movilidad (existen menos mangas de varias capas rozando entre sí).

Buena solución para los/las frioleros que se quedan “pajaritos” con otras opciones más finas o muy de moda, como los cortavientos tipo softshell/windstopper finos.

Y lo malo:
Existe poca oferta en las tiendas, cada vez menos. Y es posible que tengas que aguantar al preguntar por ellos una respuesta tipo “Eso ya no se lleva” o impertinencias peores.

Si son tipo cortaviento resultan caros, excepto alguna honrosa excepción.

Abultan en la mochila, es inevitable. Si quieres que sea caliente debe de ser grueso y por lo tanto abultará más que los que usas fuera del invierno.

Siete opciones
1) Tipo 300: ya sea el archiconocido Polartec Clasic 300 u otros tejidos de forro polar con densidad aproximada de 300 g, son la opción gruesa más utilizada en estas tres últimas total de la prenda representa un criterio importante a la hora de decantarnos por un modelo u otro. De forma general las chaquetas sin refuerzos, de forros polar fino tipo 100 pesan unos 300 g, 400 g las de grosor intermedio tipo 200, de 450 a 600 g las tipo 300 o gruesas sin membrana cortaviento y de 600 a 900 g las gruesas con membrana décadas. Son los más asequibles y carecen de membrana cortaviento.

2) De “pelo largo”: desarrollados por Patagonia hace una quincena de años, actualmente los más conocidos son el Thermal Pro High Loft de Polartec y “regulators” que son opciones similares con filamentos de 5 a 8 mm de longitud, tanto el exterior como en el interior. Los mejores incluyen 500 filamentos por cada milímetro de tejido. Pueden comprimirse hasta un 40 por ciento más que un 300 clásico.

3) Cortavientos con membrana: de pelo largo: exterior liso y elástico con membrana cortaviento intermedia y forro interior de pelo largo. Interesantes si no usamos a menudo chaqueta impermeable. Algo pesados y a menudo bastante caros.

4) Los “borreguillos”: versión antigua de los de pelo largo, con los filamentos agrupados en forma de “borreguillo”, se comprimen peor que los de pelo largo y pesan más, aunque resultan algo más cortavientos y envejecen mejor.

5) Los laminados antiguos: popularizados por las firmas españolas Grifone y El Igloo en los ochenta, eran muy calientes pero pesados (alrededor de un kilogramo) y algo rígidos. Actualmente en desuso, salvo para ropa urbana.

6) Con lana: algunos forros pueden incluir un porcentaje variable de lana merino para hacerlos más aislantes, pero constituye una opción sólo aconsejable en actividades poco aeróbicas.

7) Con fibra: una rareza en nuestro país y más habitual en países europeos con clima duro. En Inglaterra es posible adquirir prendas con exterior de forro polar tipo 200 e interior de boata sintética de fibra similar al Primaloft por apenas 50 €. Muy calientes y cortavientos pero pesados (de 800 a 1.000 g). Abultan bastante en la mochila.

Pesos y precios
El gramaje cortaviento. Si estudiamos estos gramajes entenderemos que puede ser más interesante y polivalente llevar un forro de 500 g sin membrana más una chaqueta impermeable ultraligera (de unos 250 gramos) que un softshell grueso de pelo largo, que casi alcanza el kilo, que resultará muy agradable bajo cero pero aparatoso para el resto del año, máxime en un país mediterráneo como el nuestro. Es importante destacar que los forros cortavientos más populares, de espesor intermedio, salvo cuando hace aire, son más fríos y pesados que un forro de pelo largo sin membrana y tardan bastante más en secar. Pese a que ofrecen más protección frente a la lluvia -hasta media hora si no es muy intensa- y cuatro veces más frente al viento que el resto (hasta 60 km/h en vez de 10 ó 15 km/h), no son una buena primera opción de compra si aún carecemos de un forro estándar.

Los precios en los forros polares para
invierno fluctúan desde los 45 € para las versiones más pesadas y que peor envejecen (formación prematura de bolitas conocida por los fabricantes como pilling) hasta los 300 para los cortavientos gruesos de alta gama.

Afinando la compra
Pregunta por su peso total. Si puedes, pésalo en casa antes de usar. A veces hay sorpresas poco agradables, como prendas que figuran en catálogo con 600 g ¡y que luego pesan casi un kilo!

Elige un talla no muy ajustada, sobre todo si es cortaviento, de lo contrario no podrás mover los brazos a gusto, la cremallera sufrirá más y no cabrá más ropa debajo.

Comprueba la movilidad de los brazos alzándolos y tocando con cada mano los hombros opuestos.

Da la vuelta a la prenda y examina cómo está acabado o cardado el pelo interior, no debe soltar pelusa ni presentar un aspecto desigual. De paso ¿se ven costuras cuidadosas o remates chapuceros?

Las membranas cortaviento de teflón expandido son algo más transpirables que las de poliuretano, pregunta al vendedor por su composición.

Comprueba la etiqueta de composición. ¿Es cien por 100 poliéster o incluye otros materiales (Spandex para mayor movilidad, poliamida en refuerzos, algo de lana…)

¿Con capucha? Es una decisión muy personal. Muy interesante para los días desapacibles, aunque puede molestar si es gruesa los días de mejor tiempo o bajo la capucha de la chaqueta impermeable. Asegúrate de que una vez puesta puedes cerrar la cremallera hasta el cuello, que no es tan grande que te tapa la vista ni tan pequeña que te agobia o no admite casco.

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