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Acierta con tu mochila de travesía

13 septiembre 2017 | Tino Nuñez

Ya te has decidido a hacer actividades de varios días con el saco de dormir y la comida a cuestas. Quizá te tienta el Camino de Santiago, excursiones de senderismo de varios días con sus correspondientes pernoctas o realizar travesías con grandes caminatas por territorios poco poblados. Pues sí, entre otras cosas ¡necesitas una buena mochila, cómoda y polivalente! y nosotros te ayudamos a identificarla en las siguientes líneas.

Las mochilas pertenecen a una gama de productos que ha sobrevivido en los puntos de venta especializados y que curiosamente ha crecido tanto en variedad como en rango de  precios. Es posible encontrar mochilas desde 50 a 600 euros, de calidades extremadamente dispares, pero son sólo las de mejor relación calida- precio y las destinadas a excursiones de varios días (incluido el Camino de Santiago) las que trataremos a continuación.

El volumen
Hace una treintena de años que el tamaño de la mochila se mide por su capacidad en litros. Existen importantes variaciones de unos fabricantes a otros, pero aun así de 40 a  55 litros son capacidades habituales para salidas de 2 a 7 días. Personas de baja estatura, poco habituadas a cargar con más de 7-8 kilogramos de peso o que cenen y duerman en albergues o refugios guardados pueden optar por las capacidades más pequeñas. En algunos modelos aparece una capacidad doble, por ejemplo 45+10, indicando la segunda cifra el aumento de volumen gracias a una extensión en nailon de la altura de la mochila. De manera general, las personas de menor estatura y complexión suelen llevar modelos con unos 10 litros de capacidad menos que sus compañeros/as más fuertes o altos/as.

Nuestra talla
En los países anglosajones es habitual que lo primero que se compruebe en una mochila es su tallaje. Lo ideal es que la longitud de espalda resulte idéntica a la nuestra, que una vez puesta por abajo no llega al coxis y que la seta quede por debajo de la cabeza. Mirarse con la mochila puesta en un espejo, tanto lateral como frontalmente es importante para comprobar si la talla elegida se ajusta bien a nuestro cuerpo: no deben quedar huecos entre hombrera y hombros, tenemos que poder mover la cabeza con libertad (incluido mirar hacia arriba), el cinturón lumbar tiene que descansar sobre las crestas iliacas/zonas de cadera y la cubeta o parte más baja de la mochila no puede estar demasiado cerca del límite inferior de los glúteos. Entre 45 y 50 centímetros de longitud es lo estándar para una persona de 1,75 metros y una mochila de 45-50 litros.

Las mejores mochilas del mercado están disponibles en 2 tallas y hay alternativas con espalda regulable (en general de 200-300 gramos más pesadas pero regulables para individuos de 1,60 a 1,80 metros).

¿Comodidad? Irrenunciable
La estética de las mochilas ha mejorado tanto en los últimos años que compramos con los ojos en vez de… ¡pensando en nuestra espalda! Un modelo bonito, bien terminado, elegante y del color que nos gusta, de nuestra marca favorita o de moda, no sirve de nada si al cargarlo con 5 o 10 kilos te molesta en los hombros. Eso significa que no debes comprar una mochila sin observar detalladamente cómo es su espalda: sistema de porteo compuesto por hombreras, acolchado general y cinturón lumbar. Puedes encontrar más información en el gran recuadro con los puntos básicos numerados “Qué mirar en el establecimiento”. De cualquier manera recuerda: hombreras demasiado blandas o demasiado juntas entre sí (separadas arriba menos de 10 centímetros entre sus cantos internos) se clavarán despiadadamente en tus hombros o cuello. Algunos diseños actuales de hombreras con gruesos cantos circulares semiblandos  e interior más duro, por lo tanto con espumas de doble densidad, están dando muy buen resultado al suavizar el contacto con clavícula y costados, pero suelen ir asociados a versiones de gama alta que pueden superar los 200 euros de coste. Antagónicamente los modelos más económicos suelen ofrecer comodidad limitada a los primeros años de uso, pues las espumas del acolchado pierden cuerpo con rapidez e incluso se reviran o desgarran bajo los tejidos exteriores.

Los tejidos
Hace cuarenta años que Du Pont revolucionó el mundo de las mochilas inventando un nailon especial extremadamente resistente al roce, con tacto rugoso de loneta y bastante ligero para su longevidad, denominado Cordura. Incorporado masivamente por los confeccionistas de mochilas hasta mediados de los noventa, la aparición de alternativas más económicas y de menor espesor en los noventa, ha añadido bastante confusión a la hora de elegir un tejido realmente fiable.

El número de deniers, que es una medida anglosajona, indica el peso en gramos de 9.000 metros del hilo con el que está confeccionado el tejido. Muchos modelos actuales se fabrican con poliéster de menos de 300 deniers, casi siempre menos resistentes que las opciones de nailon de 400-500 deniers. Corduras de buena flexibilidad u opciones similares de alta gama de hasta 900 deniers máximo (Cordura balística) deberían estar presentes al menos en la cubeta de las mochilas, para evitar que en sólo dos o tres años la base aparezca agujereada por abrasión o perforación, tanto por apoyo en suelo como por sobrepresión de algunos materiales porteados en el interior (por ejemplo el asa de una taza mal colocada).

Peso en vacío
Prácticamente nadie tiene en cuenta el peso en vacío de una mochila, pero es evidente que no es lo mismo cargar con modelos de 1.300 gramos que de 2.500 gramos. Las opciones de aspecto muy moderno o profesional pueden pesar muy poco ¡y también durar la mitad que un modelo más robusto! La tendencia actual es a aligerar las mochila sacrificando longevidad, cuando a menudo se podrían conservar los tejidos de robustez media/alta (casi todos los que alcanzan los 400-500 deniers) eliminando acolchados excesivamente gruesos o compartimentos gigantes sobrecargados de detalles. Pesará lo mismo una mochila de diseño simplista con tejido grueso, acolchados de espesor mediano y buenas cremalleras que el típico mochilón repleto de porta accesorios y con un cinturón lumbar tan grande y deslumbrante, como innecesario.

Está claro que disponer de un acceso rápido mediante cremallera a tu saco de dormir o al cuerpo principal del macuto es muy cómodo, pero no debe hacerte olvidar que la comodidad de porteo está por encima de esos detalles o del gramaje total de la mochila en vacío. Algunos modelos extremadamente ligeros, es decir cercanos a los 1.000 gramos, serán poco cómodos en caminatas de más de 4 horas diarias en las que te acerques o superes los 8-10 kilogramos de carga. El aconsejable cubre mochila para lluvia (muy interesante para el Camino de Santiago o senderismo en temporadas húmedas), integrado aproximadamente en una cuarta parte de los modelos para travesía existentes en el mercado y a la venta por separado, apenas añade 200 gramos al peso total.

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