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Aniol Serrasolses, de los rápidos del río a las profundidades del mar

27 julio 2016 | Redacción Oxígeno

Cuando pensamos en la vida de un atleta profesional y observamos su trayectoria o las hazañas que es capaz de conseguir, normalmente nos viene a la cabeza el físico. La importancia de tener a punto el cuerpo para poder desempeñar ese deporte, pero la mente, lo que no se ve, juega un papel casi tanto o más importante.

Si tienes un bloqueo, si la cabeza te dice que no, entonces el cuerpo queda anulado. Cuando hablamos de kayak extremo, la disciplina de Aniol Serrasolses, hablamos de la necesidad de un nivel de preparación mental y concentración muy elevados. Poder mantener el control frente a la rapidez del agua o tener la capacidad de afrontar cascadas de 35 metros, como ocurrió en el caso de su reto Key Hole en Canadá, está sólo al alcance de muy pocos en este mundo.

El kayak y el agua son el medio de vida de Aniol. Podría decirse que el catalán tiene casi branquias en lugar de pulmones, pero a veces ni siquiera eso es suficiente. Lamentablemente ha tenido que despedirse para siempre de varios de sus amigos y también se ha visto envuelto en situaciones muy, muy complejas en las que también ha llegado a temer por su vida.

Esto le ha cambiado la mente. Le ha provocado muchos bloqueos a la hora de creer en sus posibilidades, miedos al entrar en un rápido, a perder el control y llegar a pensar que es incapaz de hacerlo. Llegada esta situación, se puso en manos de Miguel Lozano, apneísta profesional, para hacer un curso de apnea con el que pudiera trabajar estos bloqueos y aprender a responder ante una situación extrema.

 

“Gracias a la apnea conocen sus limitaciones, qué sensaciones tienen cuando necesitan respirar y aprenden a tener la capacidad de gestionar un reto antes de hacerlo”, comenta Lozano.

“Cuando corremos una cascada o un rápido, si uno se queda atrapado por mucho tiempo te queda el único recurso de despegarte de tu kayak, de tu vida, e intentar salir nadando. La sensación de locura que hay en esos segundos no la vivo con nada más”, añade Serrasolses.

Tras cinco días en sus manos en Tenerife, Aniol ahora es capaz de tener un mayor control de su mente, estar tranquilo ante una situación peligrosa y gracias a eso, capaz de aguantar más tiempo debajo del agua. Antes aguantaba 1’30’’, ahora es capaz de aguantar 4’15’’. “Mi actitud frente a las nadadas es mucho mejor. Sé cómo calmar mis nervios y lo que tengo que hacer. He aprendido a desestresarme cuando todo va mal y tengo que salir nadando rápido”, concluye Aniol.

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