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El precio de ser pájaro: rescatadores en el Everest

12 julio 2017 | Jorge Jiménez Ríos / Fotos: Discovery Channel

El precio de ser pájaro es la esclavitud del viento. Estas palabras de la desaparecida alpinista Miriam García Pascual, dejadas para la posteridad en su libro de culto “Bájame una estrella”, bien sirven para representar las cadenas intocables de la libertad. Y también para definir la dificultad de uno de los trabajos más extremos del planeta, el de los pilotos de helicópteros de rescate en el Himalaya.

Cada año cientos de escaladores y sherpas tratan de escalar el Everest. Sin embargo, por cada diez personas que llegan a la cumbre, una muere en el intento. Dos años después del terremoto que asoló el Tíbet, incluyendo el campo base de la montaña más icónica para las ambiciones exploratorias del ser humano, son muchos los alpinistas que regresan para batirse con los ambientes viciados por encima de los ochomil metros, allí donde el aire se fragmenta en moléculas, donde las tormentas son sentencia, donde el mundo tiene su balcón más virtuoso. Pero no son ellos, los alpinistas, quienes protagonizan esta historia, sino esa extraña raza de pilotos de élite capaces de poner en riesgo sus vidas cuando las cosas en la montaña vienen mal dadas.

“Rescate en el Everest” llevaba por título el programa estrenado en Discovery Channel que siguió la actividad diaria del heterogéneo grupo de pilotos de helicópteros y equipos médicos que atienden las llamadas de emergencia durante la temporada de escalada, tanto en sus arriesgadas incursiones en la montaña, en busca de los accidentados, como en su vida íntima, una vez que, cumplida su misión, regresan a casa con sus seres queridos. Tipos duros y veteranos como el neozelandés Jason Laing, reconocido con el premio Piloto del Año 2016 por sus esfuerzos de rescate y recuperación tras las heladas nepalíes de 2014 y el trágico terremoto de 2015; o novatos, como el suizo Lorenz Nufer. Estos pilotos y sus máquinas no sólo se miden con la montaña para salvar escaladores, también prestan su servicio de emergencias a los hombres y mujeres que viven en las aldeas circundantes.

Lo curioso es que representan el cliché del héroe por excelencia. Jason Ling, por ejemplo, no se considera como tal y responde a la clásica pregunta con el aún más clásico “sólo hago mi trabajo”. Después de aprender a volar en los Alpes del Sur de Nueva Zelanda, las habilidades de Jason como piloto lo han llevado a Australia, la India, Nepal y la Antártida, y a ser merecedor de elogios que incluyen el premio Kumar Khahga Bickram de "Aventureros de la Asociación de Montañismo de Nepal" y el premio de la FAI por "Aviación Sobresaliente". “Cuando era joven ya me expuse a la industria de los helicópteros, mucho antes de empezar a viajar, a viajar tanto que llegó un punto en el que me encontraba perdido y en el que necesitaba un objetivo en mi vida. Tardé años en conseguir la licencia de piloto y encajar esta pasión con mi vida habitual, pero tras mucho perseguirlo, lo conseguí”. Para Jason, ser rescatador en uno de los ambientes más severos con el ser humano llegó de forma natural. Influenciado por amigos guías de montaña en el Everest y, por supuesto, por uno de los héroes nacionales de Nueva Zelanda, Edmund Hillary, siempre tuvo claro que le gustaría visitar la montaña: “pero honestamente, nunca imaginé que acabaría trabajando aquí, ni siquiera estaba entre mis aspiraciones. Y sin embargo es cuando realmente comenzó el gran viaje de mi vida”.

"Esa extraña raza
de pilotos de élite capaces
de poner en riesgo sus
vidas cuando las cosas
en la montaña vienen
mal dadas".

 

Justo al contrario, el suizo Lorenz Nufer siempre soñó con trabajar en estas geografías ásperas y mágicas. Su primera temporada volando en Nepal es la consecución de una ambición infantil. Piloto durante más de 16 años y entrenador en desarrollo organizacional y liderazgo, reconoce que su historia con los gigantes del Himalaya viene de lejos. “Un tío lejano escaló el Dhaulagiri en los años 70 y me enseñó fotos de la expedición cuando sólo era un niño. Me fascinó. Desde entonces siempre me he quedado embobado con las historias de amigos guías y alpinistas cuyos relatos transmiten esa conexión con las montañas, con lo salvaje, pero también con la cultura del lugar y con sus gentes”.

TÚ Y TU CIRCUNSTANCIA
El riesgo. Ese abstracto adalid que tanto sirve para definir el término aventura como para acabar con ella. Los pilotos de rescate en el Everest conocen bien las consecuencias de arriesgarse por las metas inconclusas de otros. Operaciones de rescate al límite de las posibilidades. “La extrema altitud es lo más peligroso de este trabajo”, explica Jason. “Pilotamos en el mismo filo de las capacidades de la nave”. Esto, junto a los caprichos volubles de la meteorología, convierten cada jornada de trabajo en una incertidumbre que afrontar con las mandíbulas apretadas. “Además de estos factores, de la altitud y del clima, a veces lo más peligroso es la gente”, apunta Lorenz. “Vuelas a lugares remotos, a sitios donde hay gente que ni siquiera sabe lo que es un helicóptero, así que a veces los ves caminar curiosos hacia el rotor, o correr bajo las hélices. Por otro lado, es complicada la comunicación. Es un peligro específico de estos lugares, que no existe en otras latitudes”.

Para afrontar estas circunstancias sensibles, se requiere una alta capacidad para trabajar bajo presión extrema, una gestión del riesgo incorruptible por las situaciones y, sobre todo, un excelente conocimiento de uno mismo. “A veces tienes que detenerte, sentarte y calcular los riesgos. Relajar la tensión ante la presión a través de la evaluación de la circunstancia y de tu papel en ella. Es necesario tener mucha claridad sobre lo que ocurre a tu alrededor”, explica Jason antes de cederle la palabra a su compañero. “Estoy de acuerdo, pero me gustaría apuntalar más esa idea. Conocer tus propios límites es esencial. Conocer los límites de la máquina que pilotas es parte del trabajo de cualquier piloto, pero definitivamente nosotros necesitamos comprender muy profundamente cómo funciona nuestra mente en casos de rescate. Y para ser honestos, cuando más piensas en ello más lejos parece estar esta compresión absoluta de ti mismo en cada circunstancia”. A Ortega y Gasset le gusta esto.

Uno de los grandes problemas actuales en montañas como el Everest es su accesibilidad. De ser el gran desafío humano a convertirse en una pasarela extrema con cientos de alpinistas ansiando su cumbre. Los saltos cualitativos entre algunos de estos alpinistas son asombrosos. Desde experimentados montañeros a coleccionistas de fotografías, sin embargo, nadie esta libre de ceder ante los imponderables. “Obviamente un alpinista experimentado, aunque nos veamos envueltos en su rescate, hace el trabajo mucho más sencillo. Verás, uno de los errores más comunes es infravalorar la montaña. La temporada pasada tuvimos muchos casos de congelaciones, pues las jornadas de verano fueron más gélidas de lo habitual. Mucha gente se quitaba los guantes para alguna maniobra, lo que producía congelaciones muy rápido”, cuenta el veterano Jason Laing. “También la hipoxia es un problema demasiado habitual”, prosige Lorenz Nufer. “Al igual que la falta de autoevaluación. Muchos montañeros no se dan cuenta de cuándo deben detenerse y regresar. A veces la ambición personal les lleva a superar sus límites, lo que puede significar un logro o una tragedia. Una vez rescaté a un alpinista que era la tercera vez que se retiraba del Everest, más o menos a la misma altitud, por un edema pulmonar. Está claro que físicamente su cuerpo no está hecho para resistir los problemas de la altitud, pero su ambición hace que no lo haya aceptado”.

¿Y cómo diablos es lidiar con estos problemas, mientras pilotas un helicóptero más allá de la lógica, para ayudar a un tipo que intenta una actividad más allá de la lógica? Los conquistadores de lo inútil, como los llamó el legendario alpinista francés Lionel Terray, son resistentes a la derrota. “Es muy difícil a veces. En ocasiones tienes que olvidarte de todo y centrarte en la tarea que estás llevando a cabo y en cómo lo estás haciendo. Cerrarte a lo que los rescatados creen que necesitan, incluso a lo que crees que tú necesitas, y decirles, soy el único eslabón de la cadena que te queda. Incluso después de un rescate, queda muchísimo por hacer para que alguien esté realmente a salvo”, continúa Jason. “Es muy duro lidiar con tantas emociones, sobre todo con el miedo. Mucha gente que conozco ha muerto en la montaña, y sí, debes pasar página y vivir con ello”. Lo mismo confirma Lorenz: “Desde luego lo más duro es controlar tus emociones y las de los demás. Aislarte. A veces, tras el rescate, todas esas emociones confluyen y te sobrepasan. Pero es imprescindible que nunca ocurra durante la operación”.

"Tenemos mucho que
aprender de Nepal
y su forma de entender el
mundo, de su relación
con las montañas y con los
viajeros que llegan aquí".

 

DEL AIRE Y LA TIERRA
Con sólo 17 helicópteros públicos en todo Nepal, las labores de rescate tras el terrible terremoto de 2015 fue uno de los momentos más crudos en la trayectoria de Jason Laing. Las naves estaban absolutamente desbordadas de trabajo. “La disponibilidad de helicópteros fue el mayor de los problemas que afrontamos. El Gobierno no daba abasto para cubrir tantas áreas damnificadas. Era totalmente frustrante saber que no teníamos los recursos suficientes para ayudar a todos los que lo necesitaban. Fue especialmente complicado en el Everest. El día después del terremoto, había escaladores en el campo base y en los primeros campos de altura a los que había que llegar de inmediato. Fue un desafío monumental. Y claro, debías además no ser demasiado permeable como la tragedia en todo el país. De nuevo, había que centrarse en el trabajo lo máximo posible”. Los sentimientos atacando el alma, mientras sobrevuelas zonas afectadas, mientras eres testigo directo de uno de los mayores dramas ocurridos en Nepal.

Más de 7.000 víctimas dejó como saldo el terremoto ocurrido ese año, un sismo de magnitud 7,8 que se registró a las 11:57, hora local, del sábado 25 de abril. La labor fundamental de los rescatadores cambiaba hacia la cooperación más necesaria. “Lo más importante de este trabajo, para mí, era ayudar a la gente local, una parque pequeña de nuestra labor generalmente. Aquí nos enfrentábamos al mayor reto de nuestras vidas. No se trata de momentos, sino de gente, de aldeas, de dar lo mejor de nosotros en el peor de los momentos”. Algo en lo que está de acuerdo Lorenz, que llegaba una temporada después del terremoto. “No puedo ni imaginar aquellos momentos, pero puedo confirmar que el gran sentido de nuestra labor es ayudar a las comunidades locales, y es, desde luego, también la parte más satisfactoria”.

Ambos pilotos son padres de familia, lo que a buen seguro ha desarrollado en ellos una sensibilidad especial para con las dramáticas situaciones que pueden vivirse en regiones aisladas y carentes de los recursos que los occidentales consideramos un derecho. “Me gustaría estar cada vez más y más cerca de la vida de Nepal, incluso he llamado a mi hija Tara, que significa estrella en nepalí. Creo que tenemos mucho que aprender de su forma de entender el mundo, de su relación con las montañas y con los viajeros que llegan aquí”, Jason dixit. “Yo también tengo dos hijas pequeñas y verlas crecer es lo más importante para mí, por lo que algunas de mis pasiones como pilotar o la escalada debo tomármelas de una manera muy específica: controlar el riesgo y ser consciente de que lo importante es siempre regresar a casa”. Jason también es consciente de ello. “Mi familia entiende lo que hago, pero eso no quiere decir que no se preocupen, aunque en el fondo persiste ese orgullo de que lo que hacemos es por una buena causa, así que sencillamente debemos hacerlo”. “Mi mujer ya no se preocupa”, sigue Lorenz, “ya me conoce muy bien y confía en mis capacidades. Los que se vuelven un poco más locos son mis padres, y me pasa cuando pienso en mis hijas”.

Volver a casa. Es tan sencillo saber de esta parte esencial de una expedición o de un trabajo, que a veces es igual de sencillo olvidarlo. Para la mayoría, este regreso supone volver a tu serie favorita, descargar las fotografías o celebrar cada jornada con una cerveza. Para Jason o Lorenz, la cosa es muy diferente. “Lo primero que debes hacer es filtrar todo fuera de tu mente. Es algo complicado de verdad. A veces ayuda estar cerca de otros pilotos con los que compartes lo que ha ocurrido en la jornada, a veces es una buena cena en familia lo que te ayuda, o un buen disco de música. Todo esto ayuda y nos prepara a estar listos para la siguiente jornada de trabajo”.

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