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Volcanes de Atacama, Ojos del Salado en bici de montaña

27 diciembre 2016 | Juanjo Alonso

Y pedaleando sigo la línea del destino. Y sin prisa soy cada día más completo, sin prisa, el ritmo es intrascendente, la esencia del camino está en disfrutar con intensidad cada paso. Las cumbres tienen unas dimensiones muy particulares que muchas veces no puedo asimilar. En las montañas las distancias están en las mentes, los miedos y las emociones. Y sobre todo en la motivación, en la mutación del desafío, en el momento de hacer realidad los sueños y los deseos. Cuando no hay ánimo para llegar la cima es inalcanzable, aunque sea una sencilla colina al lado de casa.

Los volcanes de Atacama son puntas gigantes de primitivas cenizas carbonizadas en un océano andino de salitre, viento y soledad. Las cumbres saltan dimensiones de seis mil metros de altitud, están lejanas pero no son inalcanzables, sin prisa puedo llegar, tengo que dejar entrar en mi organismo a la naturaleza de las alturas de Atacama y seguir su ritmo, pedalear de día o durante la noche, cuando las pulsaciones sean óptimas para mover la bicicleta por el desierto infinito. Volcanes de Atacama es mi próximo desafío en bicicleta de montaña dentro del proyecto Mountain Sky Cycling, un destino desconcertante en las cumbres de los Andes centrales.

El principal desafío ciclomontañero en Volcanes de Atacama es la ascensión del Nevado Ojos del Salado (6.890 m) desde la orilla del océano, en Bahía Inglesa. La inmensa montaña está entre Chile y Argentina, es el volcán más alto de la Tierra y la segunda cumbre más alta de América después del Aconcagua (6.960 m). Muy pocos ciclomontañeros han alcanzado el borde del volcán hasta ahora. Y muchos menos han superado el resalte final con la bici colgada de la mochila para pisar la cima junto a la compañera de dos ruedas. Los últimos treinta metros de desnivel requieren una trepada por bloques de rocas descompuestas con ayuda de una cuerda fija, el paso final de una gran ascensión. Y pienso llegar hasta ese lugar donde aparecerán infinidad de caminos pero solo uno llevará hasta la cumbre, el camino de la voluntad, cuando todos los esfuerzos y emociones vividas hasta ese momento adquieren el máximo valor. La altitud, el frío, el viento y la desolación de los altiplanos de Atacama tendrán que convertirse en aliados para conseguir el éxito y ser el primer español en poner una bicicleta en la cumbre.

El plan de la expedición para alcanzar una óptima aclimatación antes de intentar el Ojos del Salado es pasar tres semanas pedaleando en los altiplanos de Atacama, entre cuatro mil y cuatro mil quinientos metros de altura, realizando mientras tanto ascensiones hasta seis mil metros de altitud en dos cumbres del desierto. El primer volcán de la aventura ciclomontañera será el Cerro Uturuncu, de 6.010 metros de altura, en Bolivia, rodeado de salares, lagunas de sal y montañas de salitre. Tendré que sufrir encima de la bicicleta para soportar la sed y el soroche, el mal de altura del Altiplano. Y en las cumbres, arriba, cerca del cielo, me atacará el frío y la ventisca para alcanzar lugares que no pertenecen al reino de los seres humanos. Y seguiré pedaleando o empujando la bicicleta, somos un equipo, la máquina y la mente.

Después del Uturuncu atravesaré los mundos irreales de Atacama y Uyuni para entrar de nuevo en Chile por Oyague y emprender la ascensión del Cerro Aucanquilcha, de 6.190 metros de altitud, otra de las enormes pirámides volcánicas que apuntan al cielo con su cráter de hielos perennes. En la subida y bajada seguiré las rodadas disponibles en las laderas heladas que estén medianamente ciclables por antiguas pistas mineras que llegaban hasta la cima, donde están los restos de una vieja mina de salitre. Las viejas huellas de la maquinaria pesada que explotaba la mina están en las dos vertientes pero los derrumbes y el hielo pueden complicar la ciclabilidad por encima de cinco mil doscientos metros. La idea inicial es ascender por la ladera este, usada por los grupos de trekking que suben hasta la cumbre del volcán. Y hacer el descenso hacia el suroeste, por barrancos y quebradas muy solitarias y desoladas, aprovechando los restos de antiguos poblados mineros para alcanzar el valle del Loa y completar el periodo de aclimatación en Calama. El descenso en bici por estos reinos de geografías únicas puede ser una experiencia extraordinaria.

En Calama pasaré el tiempo necesario para asimilar la primera parte de la travesía ciclomontañera y después viajaré hasta Bahía Inglesa, cerca de Copiapó, en la orilla del Pacífico, para iniciar la ascensión integral del Nevado Ojos del Salado por la ruta normal de la cara norte.

Y esto es el principio.

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