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Valery Rozov fallece en un accidente de Salto BASE en el Himalaya

13 noviembre 2017 | Redacción Oxígeno

A sus 52 años era una de las figuras más representativas del deporte extremo y el saltador BASE más conocido del planeta. El hombre que nos enseñó a volar, Valery Rozov, ha desaparecido en el Ama Dablam, una montaña bellísima de Nepal, desde cuyos privilegiados balcones realizó su último salto al vacío. No era el salto más difícil, ni el más alto, ni el más peligroso, pero ahora el ruso pertenece al imaginario colectivo, en esa difusa sección que ocupan los rompedores de moldes.

Nacido en diciembre de 1964 en Nizhny Novgorod, Valery desarrolló desde muy temprano la excelencia llegando a convertirse en doble campeón del mundo de paracaídismo antes de enarmorarse de la montaña y de un deporte recién nacido del que fue uno de sus principales impulsores. Durante años encabezó la vanguardia del salto BASE llevando a cabo espectaculares actividades en montañas cada vez más impresionantes. En 2016 batió un récord al volar desde los 7.700 metros desde el Cho Oyu, la sexta montaña más alta del planeta. En realidad, rompía su propia marca, fijada en 2013, cuando se ponía el traje de alas para saltar desde 7.200 metros desde la Cara Norte del Everest. Saltos al límite de lo posible, desde cimas que son un desafío para la mayoría sin necesidad de añadirle los larguísimos segundos de vuelo libre. El Huascarán, en Perú, el Kilimanjaro, el Shivling o el Mont Blanc fueron pasto de su inventiva, que iba mucho más allá de dejarse caer desde puntos extremos; demostró ser un alpinista elegante y de buena talla, asumiendo también retos exploratorios como la apertura de la ruta Rubicón al Grat Sail Peak, de la Isla de Baffín, o la escalada de una nueva línea en el pilar central del Nalumasortoq en Groenlandia, desde cuya cima Valery saltaba para volar durante 35 segundos antes de abrir su paracaídas.

Tuvo muchos sueños y muchos los cumplió. Quizá su expedición más satisfactoria fue también una de las más difundidas, el primer salto en la historia del Ulvetanna (2.931m), esa misteriosa mole de la Antártida, en la que llegó a soportar temperaturas de -30º mientras planeaba desde la que para él era una de las montañas más bellas del mundo. "Me sentí como un astronauta en el espacio. Fue como un viaje a otro planeta. Profundamente satisfactorio, una sensación duradera de felicidad".

Más de 9.000 saltos llenaban el zurrón de sus experiencias pero hoy realiza el último de sus vuelos, a Kathmandú, donde comienza una nueva etapa como la absoluta leyenda de su deporte. Y crean en el dios que crean, Valery tiene un hueco garantizado en el cielo.

Fotos: Red Bull Content Pool

 

 

 

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